viernes, 13 de septiembre de 2013

«Ocurre casi siempre que la culpa no es por completo de una de las partes, sino que suele ser un cúmulo de errores o circunstancias que deben solucionarse trabajando conjuntamente todas las partes» (Ofrecer oportunidades No control Cometer errores, Abaguneak eskaintzea Kontrolik eza Hutsegiteak egitea)



El control y el error han tenido presencia en la entrevista más reciente a Koldo Saratxaga que hemos releído en algunas páginas anteriores. En cuanto a las oportunidades, probablemente no haya realidad más deseada en este momento por todas las personas y muy especialmente por los más jóvenes; podemos ver un ejemplo, sin salir de las publicaciones de Koldo, en las respuestas que compartió acerca de su encuesta «¿Qué tipo de Sociedad quieres?» entre los asistentes a su charla ante el tt30 del Grupo Vasco del Capítulo Español del Club de Roma (imagen sobre estas líneas). Las oportunidades eran un deseo muy reiterado.

Hoy enfocamos uno y otro, el control y el error, junto con las oportunidades, desde la perspectiva del Nuevo Estilo de Relaciones, que es insólita en el panorama corriente, pues nos dice que hay que cometer errores, que no hay que controlar a las personas y que hay que ofrecerles oportunidades. Más que insólito, es abiertamente contrario al sistema imperante jerárquico, donde el control es uno de sus cimientos, no se ofrecen oportunidades o se ofrecen las que no desequilibran el poder establecido, y se penalizan los errores.

Por tanto, no hay referente organizativo suficientemente conocido para compartir este elemento del NER, su número 4. Dicho de otra forma, supone un cambio, un verdadero cambio, en el proyecto que elige el NER para avanzar. Así lo destaca K2K emocionando en la asamblea en la que presenta la nueva organización a un proyecto, como se refleja en Experiencias ner 2011:

«El cambio propuesto es un proyecto basado en las personas, mediante el trabajo en equipos autogestionados, con comunicación, libertad y responsabilidad, que ofrece oportunidades, evita el control por el control y asume que las personas cometerán errores que servirán para seguir creciendo en experiencias y, por lo tanto, en conocimiento.»

La experiencia personal nos dice que es así como crecemos en conocimientos útiles e inolvidables, equivocándonos porque nos atrevemos a hacer cosas nuevas o hacemos muchas veces las mismas y llegamos a ser auténticos sabios o artistas en la materia, gracias a cometer casi todos los errores posibles (¡siempre quedará alguno por cometer!).

Así ocurre cuando contamos con la oportunidad del riesgo, de la realización, y no tenemos encima el control de quien está esperando a que cometamos errores, como también es muy frecuente en la cultura jerárquica; este control, oficial u oficioso, y a veces una obsesión, es fuente de errores en los y las controlados, y esto es motivo de regocijo para la o el controlador, en lugar de para arrimar el hombro o practicar otra actitud colaborativa. Guarda relación con esto una reflexión que encontramos en Experiencias ner 2011 acerca de esta actitud, en el contexto de la implantación del NER en un proyecto:

«Las decisiones y evoluciones de este tipo [excelentes], con la ética indicada, solo se consiguen cuando una mayoría de las personas participantes confían y apoyan con ilusión y creatividad un proyecto en el que creen. Sin embargo, y tristemente, sigue habiendo “esas personas” que se aprovechan de todo lo bueno, y entre otras cosas, de la “garantía” de continuidad que el nuevo estilo aporta, pero están ojo avizor, con el palo en la mano, al paso de la bicicleta. Como norma, no suelen ser los mejores en su profesión.»



Y organizativamente, con carácter práctico, ¿cómo se asume el contar con que las personas cometan errores? ¿No se forma un caos y un fracaso con todos equivocándose? De nuevo tenemos que recurrir al propio NER, a sus ideas, valores, sentimientos y a la realidad de sus proyectos para tener una clave que no encontraremos en la cultura jerárquica predominante. Sirve como respuesta la siguiente perspectiva de Eduardo, de Royde, que puede resumir la actitud organizativa ante los errores, sin el NER y después con el NER:

«Los de la oficina técnica decían que la culpa era de los comerciales... ¡Que no venden lo suficiente!, ¡que deberían haber viajado más!, ¡que tendrían que haber hecho más visitas!... Por su parte los comerciales se quejaban de la oficina... ¡Es que no nos dan suficiente base!, ¡es que no nos dan datos!, ¡es que...!

»Como ocurre casi siempre, la culpa no es de nadie, al menos no lo es por completo de una de las partes, sino que suele ser un cúmulo de errores o circunstancias que se dan y que deben solucionarse trabajando conjuntamente todas las partes.»

Así es una de las respuestas del NER ante los errores, convertirlos en una fuente de conocimiento y de unión entre las personas en el trabajo por darles solución. ¡Qué cambio!, ¿verdad? Es una realidad positiva y constructiva que está a nuestro alcance crear.













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