viernes, 27 de septiembre de 2013

«Una experiencia hortícola busca sembrar el bien común» (Continua sensación de siembra, Etengabe ereiten jarduteko sentsazioa)

Va avanzando septiembre y tan rápido que ya estamos en la penúltima página del mes. Al mirar hacia el camino recorrido en este arranque de curso 2013-2014, vemos que hemos caminado mucho por el terreno de lo práctico; nos ha resultado muy sencillo encontrar la traducción a la realidad de las ideas y los valores del Nuevo Estilo de Relaciones, de su letra o su teoría, por así decir. Hoy que el tema es la continua sensación de siembra, etengabe ereiten jarduteko sentsazioa, el elemento 10, compartimos la experiencia del proyecto Lur Denok contada en clave de siembra en Hirian por Mónica Míguez.

Durante todo el curso pasado no nos han faltado noticias para ir viendo el avance de este proyecto, unas veces con cosechas tan espectaculares como las acelgas en la fotografía de Hirian y otras veces con los contratiempos meteorológicos que tanto poder tienen en las labores agrícolas. La página de Lur Denok en Facebook constituye un buen resumen de todo el curso y si quieres conocer información amplia y detallada, la encontrarás en su sitio web.

Parte de los hallazgos acerca de Lur Denok que hicimos en la Red fue este artículo de Mónica, aunque algo tardíamente según su publicación. Además de muchos datos y amplias declaraciones de Koldo Saratxaga y Mikel Rubiralta, que no conocíamos, este artículo-noticia-reportaje muestra cómo se puede desarrollar un proyecto a través de una continua sensación de siembra. Refleja también claramente todas las facetas en las que se desarrollan los objetivos de Lur Denok.

Como muchos artículos y entrevistas alrededor del NER, lo convertimos en savia para alimentar este blog, nos gusta releer, pues, y no solo estar al día de la noticia. Lo reproducimos completo.


«Una experiencia hortícola busca sembrar el bien común (Mónica Míguez –Hiria)

»Es miércoles por la tarde. En el primer huerto puesto en marcha por Lur Denok se preparan las cestas que al día siguiente se entregarán a los miembros de esta sociedad limitada sin ánimo de lucro. “Esta semana llevan ajos tiernos, coliflor, cebolleta, acelga, calabaza y un manojo de apio y perejil”, comenta Mikel Rubiralta, coordinador del huerto que desde septiembre funciona en Astigarraga, uniéndose así a otras recientes experiencias hortícolas en marcha o en vías de estarlo en nuestro entorno (cada cual con sus características propias), como las municipales de Lezo, Errenteria o Donostia, o la creada en Oiartzun por la asociación de personas con enfermedad mental Arraztalo.

»Lur Denok supone la primera iniciativa empresarial surgida de Ner Group, una asociación creada hace cuatro años y en la que diversas organizaciones empresariales con una preocupación social y por lo que nos rodea comparten experiencias, sinergias y conocimiento, y ponen en marcha proyectos sociales como éste.

»Koldo Saratxaga, uno de los promotores de ambas iniciativas, cuenta cómo “la primera idea de crear Lur Denok surgió hace dos años con la idea de recuperar tierras abandonadas, crear empleo y educar en el huerto ecológico y la sostenibilidad, entre otros objetivos”.

»Parte de su filosofía está en producir y distribuir alimentos ecológicos producidos en Euskal Herria; poniendo especial énfasis en la participación de las personas, según destaca Saratxaga.

»“En vez de buscar un socio capitalista, hemos sido las propias empresas de Ner Group, así como particulares, quienes hemos puesto el capital necesario para echar a andar el proyecto. La participación mínima es de 300 euros, cantidad que se puede abonar en varios plazos. Así, la suma de pequeños capitales va formando uno más grande con el que llevar adelante Lur Denok”, señala.

»De 160 particulares y 21 empresas iniciales, a día de hoy han pasado a un total de 217, que ya tienen un primer huerto —el mencionado de Astigarraga— y una tienda en Beasain, donde también comercializan sus productos y los de otros productores locales. Pero aspiran a más: a corto plazo, a conseguir entre 300 y 350 asociados, y a trabajar un nuevo huerto y otra tienda, ambos en Bizkaia.


»Facilitar el consumo

»Son precisamente parte de las personas asociadas —las que así lo deciden— quienes reciben las 75 cestas con verduras y hortalizas que semanalmente preparan en Astigarraga.

»“Con nuestra propuesta, los socios y socias que no pueden permitirse ir al mercado para consumir productos ecológicos, de temporada, frescos, y de cercanía, los reciben en sus casas adaptados a su consumo, porque pueden optar por la cesta pequeña de 10 euros o la grande de 15; así como elegir recibirla semanal o quincenalmente”, detalla el coordinador del huerto, que cuenta también con voluntariado de la base social de Lur Denok tanto para trabajar el huerto como para preparar las cestas.

»Precisamente acercar a la gente a la huerta es uno de sus objetivos porque, como sostiene Rubiralta, “el gran problema respecto a las frutas y verduras que consumimos es precisamente la desconexión total que hay de la huerta. No sabemos nada de cómo se produce lo que comemos”. De hecho, ya no deberíamos fiarnos cuando en la etiqueta de un producto tan apreciado como el tomate reza “de caserío”. “Eso hoy ya no significa nada, porque puede ser de cultivo hidropónico en invernadero”, afirma.


»Alta gama versus utilitarios

»Que existe una sensibilidad creciente respecto a lo que comemos parece claro, pero tanto Saratxaga como Rubiralta insisten en la necesidad de reeducar la actual cultura alimenticia. “La gente se pone a ahorrar diez céntimos en su cesta de alimentos y luego no mira tanto a la hora de comprarse ropa o tecnología”, comenta el coordinador de Astigarraga, que ve necesario puntualizar el tema de los precios de los productos ecológicos, algo que decanta a la gente por otros productos, en principio más baratos.

»Para Rubiralta, el tema del precio tiene muchos matices. “En cuestión de bolsillo, para quien consume es más económica una verdura producida a gran escala, pero también hay que saber si la gente que trabaja esos campos está cobrando un salario digno o si se está trayendo de la otra parte del mundo, con las emisiones de carbono que va a conllevar su transporte hasta aquí, por ejemplo”.

»Y eso sin pararse a valorar la calidad del producto. “Yo siempre explico que nadie se plantearía que un Ferrari costase menos que un Ibiza. Nosotros producimos “ferraris”; productos sanos y de calidad, y compararlos con una lechuga plastificada, que no huele ni sabe a nada, y que se ha producido en condiciones para mí sospechosas, es como comparar esos coches: ambos son coches, pero no son lo mismo”, reflexiona.

»Las grandes superficies, que se han dado cuenta de la creciente puesta en valor de lo ecológico, como cuenta Koldo Saratxaga, “se han apresurado a crear lineales de estos productos”. No obstante, nuevamente, el que aparezca “ecológico” en la etiqueta pudiera llevar a confusión en dichos establecimientos. “Pueden etiquetarlos así pero venir de la otra parte del mundo, con lo que eso supone. No tiene sentido que, si tengo un producto a 30 kilómetros, vaya a consumir uno que viene desde Perú hasta Amberes; de ahí a Barcelona; de Barcelona a Basauri, y de allí a las grandes superficies. Hay que darle la vuelta a que la media que recorre lo que comemos sea de 5.000 kilómetros, con lo que eso supone también de engorde para los intermediarios”.

»Rubiralta pone el acento en el coste que esto tiene para la agricultura local. “Si se compran productos de aquí, es la economía de aquí la que se apoya, es aquí donde se recuperan y revalorizan terrenos, y donde se crean puestos de trabajo”. Lur Denok lleva creados ocho desde su puesta en marcha, y espera crear otros ocho o diez más de aquí a un año, según cuenta esperanzado Saratxaga, sobre todo por el crecimiento que registra día a día el sector ecológico.

»En ese sentido, estamos por detrás de países como Gran Bretaña, Alemania, Suiza o Francia, pero vamos a más. “En Euskadi este sector está creciendo a un ritmo anual de entre un 20 y 30%”. Sin embargo, avisa Saratxaga, “serán las grandes superficies las que lo cubran si no lo hacen iniciativas como la nuestra. Debemos hacerlo, sobre todo, consiguiendo que la gente se acerque a la huerta, que de alguna manera tenga un sentimiento de orgullo y pertenencia, de que esa tierra está ahí porque has puesto algo de tu parte. En eso pensábamos cuando pusimos en marcha un proyecto abierto al mayor número de personas posible”.»













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