martes, 13 de mayo de 2014

«Diseñadores de esa nueva relación de todo tipo que es absolutamente necesaria»

Egun on! A los muy buenos días, hoy, un día 13, de los que celebran en el equipo K2K emocionando, porque 13 son los elementos del Nuevo Estilo de Relaciones (NER).

Un nuevo día que empezamos sabiendo que en nuestro mundo, en nuestra sociedad, junto a nosotros cada día, abundan las personas que pueden maravillarnos por sus capacidades, actitudes, comportamiento, valores… Si vamos conociendo a nuestros compañeros y compañeras en el trabajo cada día, seguro sabemos de su talento y cualidades, porque comprobamos su liderazgo, abnegación, conocimientos, buen hacer... en el trabajo o fuera de él, en su familia o aficiones. Lo especiales que somos cada ser humano se pone en juego por la ilusión, el compromiso y, más allá, el éxito que deseamos.

Bueno, y si hay tantas personas así, más bien, si todos tenemos algo que aportar, ¿por qué es corriente estar tan mal en los lugares de trabajo donde nos juntamos las personas?, ¿por qué los seres que podemos dar ilusiones y compromiso huimos de los demás seres que pueden dar lo mismo?

Entrar en responder esta pregunta no es asunto de este post, pero sí lo es preguntar por qué quedarnos juntos, ya que para esto existe el Nuevo Estilo de Relaciones, para estar juntos. Solos no llegamos muy lejos, quizá ni a ningún lado; ni solos, en el sentido de aislados, ni tampoco solos en el sentido de individualistas, haciendo la guerra por nuestra cuenta dentro de un grupo. Nos interesa unirnos a otras personas y sumar energías, también en los lugares de trabajo.

¿Por qué unirnos? Porque una empresa es, nos dice este NER, un proyecto focalizado en el cliente, la eficiencia y la sociedad. En el cliente a quien servimos directamente con la actividad, en la eficiencia con la que aseguramos la vida y supervivencia de un proyecto, y en la sociedad en la que acaba repercutiendo la actuación de sus miembros en cualquier lugar, sea en el trabajo, en su relación con la naturaleza o etc.

«La implicación y la ilusión se pueden lograr por caminos diferentes. El materialista dirá: “Esto va muy bien y cuanto mejor vaya, gano más dinero. El temeroso pensará algo así como: “Oye, si esto va mal, me voy al paro”. Y el más idealista, porque el modelo le puede parecer más social, más participativo, más acorde con su ideología, podrá afirmar: “Esto es un proyecto de vida, podemos ser todos los que tiremos para adelante, juntos podemos crear, ser un ejemplo y participar en la toma de decisiones”.

»Tenemos que crear organizaciones con propósitos comunes y en donde las personas puedan lograr sus aspiraciones, sean las que fueren.»


Esto dice Koldo Saratxaga en su primer libro ¿Sinfonía o jazz?, aunque nos suena como publicado de hoy mismo. Proyecto común significa unir energías también cuando esto supone dejar en segundo plano los propios intereses, porque sabemos que así también realizaremos lo que deseamos entre todos. Personalizar es otra forma de individualismo y sí, es posible que nuestro talento pueda dar 100, pero el proyecto solo necesita 10 en un momento determinado.

«Podemos y debemos ser mejores porque entendemos el proyecto, porque estamos motivados y convencidos. Como creo en las personas, también considero que nadie es absolutamente egoísta o individualista y que queda un gran margen y existe una gran aptitud para la libre creatividad y la ilusión compartida», añade Koldo en estas páginas de ¿Sinfonía o jazz? que hemos releído pensando en el post de hoy.


Quizá podemos entender con un ejemplo en grande la necesidad y la conveniencia de unir energías cuando el resultado de aquello en lo que nos implicamos puede afectar a unas cuantas personas, incluso a muchas o a la sociedad en su conjunto.

Este ejemplo lo traemos del escrito más reciente de Koldo Saratxaga, publicado en los diarios del Grupo Noticias y es un proyecto de sociedad que hoy en día está recayendo ya en las generaciones más jóvenes, donde hay más desempleo, inexperiencia... Ellos van a liderar la nueva sociedad y así lo visualiza Koldo, de una forma que podemos aplicar también a la escala más pequeña de nuestro proyecto y más grande en edades:

«No es mayor problema que esteis sin un trabajo remunerado un periodo de tiempo más o menos largo, que no dejará de ser más que un suspiro en los más de cincuenta años de actividad laboral por delante y 80 de vida. Lo realmente apasionante es que estamos en el inicio de un cambio de era y a vosotros os va a tocar ser los diseñadores de esa nueva relación de todo tipo que es absolutamente necesaria. Esta sí que es una oportunidad que me gustaría vivir, esta sí es una nueva revolución nunca antes vivida. En estas dos, tres, próximas décadas será necesario dedicar toda la energía de la que seáis capaces para lograr esa sociedad más humana y con valores más sólidos, como la describe Valentín Fuster.

»No parece que [...] esta sea la preocupación predominante, pero, por mi parte, dada mi actitud siempre positiva, sí espero que salgan de esa zona cómoda y acometan el rediseño de la nueva sociedad donde van a vivir y dejar que vivan de una forma digna sus descendientes.»


Hoy nuestro tema es orgullo de pertenencia / parte izatearen harrotasuna, y es que esta forma de hacer proyecto, superando con mucho las expectativas del respeto mutuo que se reivindica como semáforo elemental de la convivencia, puede hacernos sentir orgullo, agradecimiento, deseos de cultivar con buen fruto esta forma de relacionarnos...












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