viernes, 20 de junio de 2014

«Animar, tirar de todos, focalizar el proyecto hacia donde hay que llevarlo»

Dice y repite Koldo Saratxaga que no hay que enfadarse con quienes piensan distinto, porque otros piensen de otra forma a como lo hacemos cada uno. Es una afirmación con la que concordaremos prácticamente todas las personas, con las excepciones que confirmarán este acuerdo mayoritario. Más aún, y todo esto se lo escuchamos a Koldo en el Parlamento Vasco la semana pasada, enfatiza que no tiene por qué haber nada diferente en nuestro trato a personas que piensan diferente o son diferentes, y podemos pensar en diferencias desde ideas de las llamadas políticas hasta el fútbol, pasando por el oficio de sus padres, por ejemplo.

Este planteamiento de convivencia al que nos invita Koldo supone que tenemos ideas —o que no tenemos la cabeza hueca, diríamos coloquialmente— y también madurez para convivir con las ideas de otras personas.

Claro que nos es más fácil tratar con quienes tenemos afinidades de ideas, edad o vida, etc., o hacia quienes sentimos cariño aunque pensemos diferente, por ejemplo, pero no hemos hacer de esto un motivo para excluir, rechazar o no convivir. Tenemos que tratar a todos bien, dice Koldo en esta charla que tanto nos gusta y recomendamos mucho a todas horas (en el curso de verano de Eustat, hacia el minuto 30 de la primera parte).

Con este sueño de personas y de convivencia en riqueza de diversidad humana, y también en paz, sin duda, tendríamos la oportunidad de practicar más actitudes, como la del respeto de ciertas líneas, invisibles, que no podemos cruzar sin hacer de menos a alguien de alguna forma. O en positivo, la actitud necesaria para dar espacios de libertad y participar en ellos, en lugar de ajustar nuestra vida al ordeno y mando y a trepar más alto que el de al lado en esta pirámide.

En resumen, una forma de vivir y dejar vivir, eso que tanto reivindicamos, y vivir una vida que compensa, de la que podemos disfrutar, donde somos reconocidos y no planchados por un rodillo jerárquico que prescinde nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestras tripas y nos reduce a autómatas o títeres.

Sin embargo, al compartir nuestras respectivas formas de pensar, en el día a día de un proyecto con el Nuevo Estilo de Relaciones (NER) y en cualquier espacio y tiempo que no sea del NER, lo hacemos con motivaciones y objetivos diferentes, los cuales pueden enfadar y hasta indignar a nuestros compañeros; viceversa, nuestros compañeros pueden enfadarnos e indignarnos —en el sentido que la indignación tiene hoy en día, de inconformismo y rebelión, en palabras y ademanes como mínimo—.

Desde Irizar, el motivo de máxima tensión, en intensidad y frecuencia, entre las personas en el día a día del NER es que alguien pretenda el beneficio propio en perjuicio de otros, sea del equipo, del proyecto, de una persona determinada. En este caso, la forma de pensar se traduce en acciones concretas como, por ejemplo, escamotear trabajo; lo narra Koldo en su primer libro ¿Sinfonía o jazz? y después hemos seguido encontrándolo en la experiencia de personas en los proyectos NER, «las discusiones que a veces se dan por el distinto grado de compromiso que las personas asumen en la consecución de los objetivos», decían personas de Lancor compartiendo su experiencia en un foro en la Diputación Foral de Bizkaia (al que llamamos «foro Saratxaga», del que también somos entusiastas, como de los post de cada encuentro que escribió el equipo del Servicio de Innovación). Seguro que entendemos estos roces del trabajo en equipo, aunque no estemos en el NER; siquiera en el colegio habremos trabajado en grupos alguna vez, donde al final uno o dos hacían todo y los demás ponían la firma.

Cada uno en nuestro proyecto podemos hacer mucho y tanto que allí somos necesarios y necesarias. No nos excusemos en que no nos ponen facilidades o en que tenemos personas en contra o que hemos encontrado comportamientos en contra del trabajo de todos. Seguramente hay mucho más positivo y, como dice Koldo al final de esta gran clase con Eustat, en la segunda parte:

«¿Qué hacemos con esa persona que da menos, lo justo, que es rara? ¿La echamos del proyecto? ¿Le cortamos las piernas a ver si no viene? ¿Se la pasamos a otro equipo, les creamos un problema a ellos y a ella la hacemos una desgraciada que va rebotando de un lado a otro? Vosotros ya la conocéis, ya la aceptáis, ¿no será mejor que estéis con ella? Además, ¿os gustaría ser como ella? ¿No? Pues seguid ya para adelante... Esa es la función de un líder, animar, tirar de todos, focalizar el proyecto hacia donde hay que llevarlo. No tenemos que estar visualizando la campana de Gauss continuamente, sino ver todo como un continuum; no centrarnos en los problemas, no hacer montañas de granos de arena.»


Con quien hemos ya no enfadarnos, sino indignarnos, es con la sociedad que tenemos, donde se encumbra el vacío, las apariencias en lugar de las realidades, la total falta de sentido que es vivir en el pasado, aferrados a sillones y méritos pasados, creando inmovilismo a través compartimentos estancos de clases sociales, partidos políticos... mientras llega el partido de los retos del presente y perdemos por goleada: alto desempleo en los jóvenes, demasiados niños sin un plato de fundamento en la mesa, educación que no es competitiva, cierres de empresas, cultura de la compra venta en lugar de cultura de relaciones... No digamos que no podemos hacer nada y si quieres, puedes participar en las Ideas en marcha que promueve ner group a través de su Equipo de Compromiso con la Sociedad.












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