martes, 24 de noviembre de 2015

Nos lo ponen muy fácil, proponer un cambio organizativo, para trabajar todos en equipo


Egun on! Nos lo ponen muy fácil, proponer un cambio organizativo y cultural que tenga como resultado dar protagonismo a todas las personas. A la vuelta del tiempo no sabemos si dirán, como Antonio Garrigues Walker, que el Nuevo Estilo de Relaciones, NER, Harreman Estilo Berria, es un retoño de la democracia industrial de hace unas décadas o que es parte de la civilización que creó el 15M y otros movimientos de empoderamiento ciudadano.

Nos ponen muy fácil el decir y proponer, y a la hora de actuar es difícil o, digamos, no es tan rápido como hablar, y ¡dicho y hecho! Dicho y hecho puede ser el cambio organizativo: tirar paredes, formar equipos, ir todos a una asamblea para votar qué metas nos vamos a poner para el proyecto, etc.

Nosotros mismos, empeñados en ser protagonistas del cambio cultural del que hablamos, bien difícil lo tenemos cuando hay que desaprender y aprender. Por el camino, protagonizamos avances y éxitos indiscutibles, sin retorno a lo de antes, y episodios de más de lo mismo, incluyendo el más de lo peor de lo mismo.

Esto supone que el valor de nuestro ejemplo como personas con otra cultura puede ser muy relativo, en cuanto resultados, durante un largo tiempo, mientras no se pueda decir que hemos interiorizado el NER. El ejemplo que sí vale es la coherencia de comprometerse y actuar para hacer realidad un NER. De hecho, decidir y empeñarnos en un NER es ya cambiar, haber ganado. Y una pregunta posible es cuánto vale un ejemplo o hasta qué punto le damos valor: «Soy poco de espejo retrovisor, soy poco de iconos. Sé tú mismo. Construye tu propia vida. Mira para adelante y no dudes que encontrarás lo que te mereces».

Vemos que el NER continúa expandiéndose y es compartido y hasta asumido, en alguna medida, a título personal o en proyectos que no tienen que ver con NER group. El NER nos está mostrando así que tiene vida propia como mensaje, más allá de la materialidad de NER group y todo lo que significa este nombre. Parece claro que el NER forma parte del cambio que nuestra sociedad experimenta continuamente, y un cambio hacia el futuro, no un retroceso.



Los equipos autogestionados, un elemento del NER que se menciona habitualmente para diferenciarlo de otras propuestas de gestión, son una buena muestra para visualizar todo esto.

En la organización NER las personas se relacionan por la pertenencia a equipos, son los llamados equipos autogestionados – talde autogestionatuak. Quedan abolidos los compartimentos estancos que se forman en las organizaciones convencionales al articularse en departamentos. Esto se hace de la noche a la mañana, de inmediato tras un mes, aproximadamente, que suele emplear K2K emocionando en diseñar la nueva organización, a partir de la asamblea en la que se decide emprender el cambio NER.

Los equipos autogestionados tienen un líder, elegido por los miembros del equipo, o señalado al principio por K2K emocionando, y es un cometido rotatorio, aunque se puede decir que no a desarrollarlo. El líder coordina la marcha conjunta, facilita, no es un puesto especial, un honor, o un plus de sueldo, etc.; además, representa al equipo allí donde sea necesario, ya que los equipos se relacionan, a su vez, entre sí.

De nuevo, estas relaciones entre equipos tampoco son como las habituales entre departamentos —de pasarnos tareas en un trabajo en cadena, si todo va bien, hasta caer en rivalidades, en pasarnos «patatas calientes» con toda insolidaridad, etc.—. Y aquí viene, una vez más, algo interesante, por distinto a lo convencional, y con aliciente: los equipos autogestionados se interrelacionan sobre la base de compartir un proyecto y aportar lo que corresponde de su parte para sacarlo adelante. Se relacionan coordinadamente, pues, y de ahí que la persona que facilita el funcionamiento conjunto de los equipos sea el coordinador del proyecto, su líder, el o la que trata de que todos cuenten con los medios para actuar.

Los equipos se ponen de acuerdo reuniéndose, representados por sus respectivos líderes. Como mínimo tienen un encuentro semanal, la reunión del compromiso, donde se ponen encima de la mesa los retos pendientes —en forma de pedidos o de otras actuaciones— y cada uno se compromete con lo que de él depende. A partir de aquí se puede decir que comienza la actividad laboral de las personas, presidida por su libertad y su responsabilidad de organización y por la campana de Gauss que refleja nuestra diversidad personal y de equipo.

Así de sencillo es dar protagonismo a cada persona, abrirle las puertas y los brazos para que forme parte de un proyecto, donde será una persona, con capacidad de pensar, sentir y hacer, un ser humano necesario, alguien con quien contar.

Con equipos autogestionados. Talde autogestionatuak, en euskera, que el NER ha nacido en Euskadi, y por algo será, si las cosas tienen su razón de ser, como se dice.












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