jueves, 5 de noviembre de 2015

Parte izatearen harrotasuna, orgullo de pertenencia | ¿De qué podemos sentirnos orgullosos, en nuestra actividad profesional? – Energía y compromiso emocional – ¡A trabajar... en proyecto común! – Trabajo de personas, en cadena, con I+D... con orgullo compartido



¿De qué podemos sentirnos orgullosos, en nuestra actividad profesional?

Me pregunto de qué podemos sentirnos orgullosos, en nuestra actividad profesional, y me surgen algunas ideas, tales como:

Del resultado del trabajo y de lo que haces por los demás.

De las habilidades y destrezas que hemos aprendido.

De la gente que nos respeta por lo que hacemos y no por lo que ganamos.

De la imagen lograda con nuestro esfuerzo compartido.

De las personas que se nos acercan por lo que hacemos.

De los logros de otros como consecuencia de nuestro apoyo.

... ... ...



Energía y compromiso emocional

El orgullo es una fuente de energía y compromiso emocional en los proyectos que sobresalen del resto, que es necesario cultivar y motivar activamente.

En definitiva la cuestión consiste en cómo hacer para que esas personas que se reúnen todos los días tengan algo en común que les haga sentirse orgullosos. Y la solución no es otra que contar con un proyecto común, solo en eso y en todo eso: un proyecto común. Y para ello se deberán desarrollar permanentemente aspectos tales como la comunicación, la responsabilidad y la interactuación libre. Permanentemente hay que estar haciéndolos realidad, facilitándolos.



¡A trabajar... en proyecto común!

Me parece que el dinero tiene una evidente importancia para las personas, pero no logra arrancar o extraer lo mejor de ellas de forma permanente. En cambio, la participación en equipos de alto rendimiento, con retos claros y exigentes, lo consigue. Como también la extraordinaria satisfacción que se siente por el éxito compartido y el orgullo profesional.

Está claro que, con el paso del tiempo, el trabajo conjunto da mejores resultados que el que se conseguía trabajando de forma individualizada. Al conseguir mejores resultados se sienten orgullosos de lo que hacen y de cómo lo hacen. Pero no podemos conseguir que todas las personas hagan exactamente lo mismo. Y eso es palpable en la vida real, pues ni todos corremos lo mismo, ni saltamos lo mismo, ni a todos nos gusta el mismo monte, ni la misma música, ni la misma comida... Cada uno tenemos nuestras propias y únicas experiencias, nuestras sensibilidades, emociones, sentimientos... y en eso reside la riqueza humana, en toda esa diversidad de gustos, costumbres y de formas de hacer y sentir.



Trabajo de personas en cadena con orgullo compartido

Aquí surge la duda al comprobar que organizaciones con modelos y jerarquías tradicionales tienen buenos e incluso excelentes resultados. Esto no se puede discutir. Sin embargo, ¿qué garantía, qué confianza tienen estas organizaciones cuando piensan en el futuro de esos buenos resultados?

Entiendo que existen y existirán trabajos en los que, posiblemente, la mejor forma de realizarlos sea lo que entendemos como trabajo en cadena. Pero tenemos dos formas de hacerlo: una consiste en contratar operarios cuando no puedes sustituirlos por robots; como me contestó el director de personal de una gran empresa, en una conferencia en la que ambos intervenimos, a mi afirmación de que en mi opinión era un error contratar solo brazos y no cerebros con brazos: «Koldo, yo si pudiera, contrataría solo dedos»; la otra, en hacer participar en el diseño de la cadena y el producto a las personas que van a dedicar parte de su vida a trabajar en ella.

A algunos altos ejecutivos, expertos en I+D y en procesos les parecerá un sacrilegio lo que estoy diciendo: ¿los obreros participando en el diseño y en el proceso?, ¡qué locura! Pero quizás la única locura resida en no haberlo intentado y, por tanto, en ignorar de qué estamos hablando. Porque «sus» «obreros» seguro que sabrán de lo que se les habla si los directivos lo intentan.

La cuestión es si ponemos la tecnología, la cadena, por delante o por detrás de las personas. ¿Es la cadena para las personas, o las personas para la cadena?

Cuando hablo de personas integradas en el proyecto, me refiero a todas las personas, a todas aquellas que piensan en la tecnología y que la compran, que la implementan y que la utilizarán en el futuro, puesto que todas ellas, antes de adquirirla, lo han decidido juntas, convencidas, de común acuerdo. De esta manera será más rentable a corto plazo, pero mucho más a largo plazo, puesto que todas esas personas cada vez cuentan con más conocimientos compartidos, con más orgullo compartido, con más creatividad y éxito compartidos.

Además, insisto, porque seguro que lo he repetido varias veces, la tecnología se compra y la cultura que impregna a esas personas que actúan de esa manera no, sencillamente, solo se crea.



Koldo Saratxaga
¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar. Un modelo basado en las personas












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