martes, 24 de mayo de 2016

Estilos de organización – Ideas para el desarrollo de una sociedad necesitada. Koldo Saratxaga


Minutos 31:36 a 37:19 de Ideas para el desarrollo de una sociedad necesitada. Charla de Koldo Saratxaga en la Universidad de Verano de Ziortza-Bolibar (VídeoAudio extraído de la charla en YouTube)




Transcripción

Hay dos maneras de hacer las cosas, una que es el modelo tradicional: empresa, propiedad, no sé qué, trabajadores, sindicatos, que es lo tradicional; o hacer lo que hacemos nosotros: una organización basada en personas, dentro de la sociedad, el cliente y la eficiencia, que es hacer las cosas bien y que vayan bien y que dejen dinero. Sí, hay que decir, “es que un taller y una fábrica tienen que ganar dinero”. Sí, tienen que ganar dinero. “Es que tengo que respirar”. Sí, si no, te mueres. “Es que tengo que tener sangre”. Sí, si no, te mueres. “Es que tengo que comer”. Sí, si no, te mueres. Y esto es lo mismo. La pregunta es: ¿cuánto se gana, qué se hace con ello y cómo viven? No hay que esconderlo, no, no.

El 95% de las organizaciones, empezando por el Estado: países, organizaciones, diputaciones, todo lo que haga falta, no son transparentes. Somos el único Estado de Europa que no lo somos, y nosotros estamos ahí metidos y no somos transparentes. Como no somos transparentes, difícilmente sabemos lo que está pasando. Y la palabra primera que pone allí, que no quiero dar la lata con todo, es la ética.

Yo he estado en docenas y docenas de organizaciones, de empresas que me llaman, no he visto ninguna ética. Queréis que lo repita: ninguna ética.

Pero el problema no es que no seamos éticos, es que estoy seguro que si pregunto, hombre, seremos menos que otros. Lo de la ética es como una campana de Gauss: hay algunos que no son nada éticos, que si te pillan, te pasan por encima y les da lo mismo y te entierran allí, y otros que “hombre, de vez en cuando… a un amigo fontanero tampoco le vas a pagar el IVA”, “hombre, porque no sé qué, no vamos a no sé cuál”, “otros…”. ¡Claro, nos hemos educado en el mundo de la no ética, y luego clasificamos: “ahí hay otros que…”, “mejor habría que empezar por otros”. Pero esa es la cultura, y si tú eres absolutamente ético, pues… y lo cuentas, en fin, eres el gilipollas del mundo. ¡Es así! “¿Pero y por qué no lo haces?”, “¿para qué tienes que decir todo?”, “¿y por qué tienes que no sé qué?, si no pasa nada, si no te van a pillar, si no se va a enterar nadie”.

Así llevamos décadas y décadas haciendo una cultura que los que están al lado nuestro, nuestros hijos y demás, están viéndolo. Con lo cual, claro, desde esa no ética nos viene hasta que luego ya cada uno pone [la visión] que quiere, y eso es un grave error que tenemos, gravísimo error que tenemos, que es la ética y la transparencia. En el mundo de las organizaciones, de todo tipo, la ética y la transparencia. Me da igual la universidad que el hospital de no sé qué que el gobierno no sé cuál que la empresa de enfrente. No es algo que está en nuestra área en este momento y es un problema grave, es un problema grave.

Llevamos muchas décadas impregnados de eso y nos va a costar muchas décadas quitárnoslo de encima. Y en eso hay que ser radicales, absolutamente radicales. Nosotros, donde estamos, lo somos. A veces no nos creen: “¿que lo vamos a saber todo?”. Sí. Por eso, la primera vez que llegamos, lo primero que ponemos son los salarios de todo el mundo: “llevo aquí 40 años trabajando, siempre estábamos diciendo qué ganará el jefe, qué ganará tal, y llegan estos y nos lo ponen, pum, la transparencia el primer día que llegan”. Oye, se terminó, nunca más se habla de salarios, de cuánto gana este, cuánto gana el otro. ¿Por qué? Porque ya lo saben, ya se lo hemos enseñado. Se acabó la mandanga, se acabó el pensar, especular, “seguro que hace”, “ya quisiera saber yo”, “¿a ti cuánto no sé qué?”, “bueno, yo no te voy a contar a ti lo que yo gano”.

Con lo cual, ese mundo de individualidades, tú dónde estás, yo dónde estoy, ¡pum! [dice, con el gesto de colocar un papel en un tablón de anuncios], el primer día, se acabaron los mitos, se acabaron las mandangas y entra la confianza, como un chorro, la palabra confianza.

Donde hay confianza… si tú confías, “voy contigo adonde haga falta”, pero si no tengo confianza… “¿qué me decías?”, “¿adónde?”, “fíjate lo que me dicho”, “pero si te lo ha dicho él, cuidado”… ¡la desconfianza! Donde hay confianza, todo cambia. Donde no hay confianza, la energía se dispersa. Tan sencillo como eso. Cuesta mucho ganar la confianza y se pierde en un segundo. Con la confianza entra la ética, entra la coherencia, la sencillez. Entran tantas cosas a las que no nos han educado. Porque, ¿qué nos enseñan en la universidad?, ¿qué enseñan a vuestros hijos? A competir, a ser los mejores, a estar más arriba, a “¿dónde trabajas?”, “en un tallercito…”, “bueno, yo en el BBV”. “¿Tu nieto trabaja en el BBV? Coño, el BBV. ¿Y qué hace?”. “No, no sé, pero trabaja en el BBV”. “¿Y el tuyo dónde trabaja?”. “En un taller ahí, de Markina”. “¿Tanto estudiar para trabajar en un taller ahí?”, lo piensa, no lo dice. Pero ¿le has preguntado si es feliz, si está a gusto, si aprende? No. Dónde, qué imagen da: esta es la sociedad que tenemos.

Yo les pregunto a los jóvenes, ¿tú qué quieres ser?, ¿un pinche en el BBV o cabeza de ratón en un taller de los tantos miles que hay en este país? Se me quedan mirando, como diciendo, “Koldo, no te voy a contestar, porque yo prefiero trabajar en el BBV, pero para qué te lo voy a decir”. Y se pasan la vida haciendo no sé sin ser nada. En este país, el 85% son pymes, son pequeños talleres, pequeñas empresas, pequeños lugares en los que hay tantas cosas por hacer, soñar, crear y donde puedes ser algo, pero la cabeza les va por otro sitio; con lo cual, luego tienen que acabar ahí. Lo que yo veo que es en la universidad, cuando a mí me llaman para decirles a los jóvenes a ver qué, los que van son los Iberdrola, los Telefónica, los Price Waterhause, las grandes multinacionales a decirles qué jóvenes queremos. Yo no veo ni que vayan las pymes ni que va la gente de los pueblos, ni que van los alcaldes… Es decir, gente comprometida, gente social, gente que quiera vivir en las raíces que tiene, gente que comparta que vayan a la universidad a decir qué jóvenes queremos. No, “necesitamos electrónicos de no sé cuál, abogados de no sé qué o ciencias de la no sé cuál”. ¡Eso será para los próximos 4 o 5 años, porque luego eso va a cambiar! Pero eso es lo que está metido hasta los tuétanos.












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