martes, 7 de junio de 2016

Cambio radical del enfoque en la enseñanza-educación – Ideas para el desarrollo de una sociedad necesitada. Koldo Saratxaga


Minutos 46:53 a 1:02:53 de Ideas para el desarrollo de una sociedad necesitada. Charla de Koldo Saratxaga en la Universidad de Verano de Ziortza-Bolibar (VídeoAudio extraído de la charla en YouTube)




Transcripción

¿Tú eres andereño? ¿Cómo te llamas? “Ane”. Ane. Fíjate qué palabras empleo, “cambio radical”, “cambio radical”. Llevamos dos siglos, por decir algo —no solo en Euskadi, es general en Europa, porque hay muy pocos países y muy pocas escuelas y muy poco que esté fuera del círculo—, llevamos siglo y medio, dos siglos, que podamos echar la vista atrás mínimamente, desarrollando la memoria, el razonamiento, la matemática, y que a algunos mayores les pasa, a Maite mi mujer, “tú Koldo eres un ignorante”, me dice, le encantan los juegos de la televisión —a lo mejor alguno os enfadáis conmigo— y me dice “a ver, ¿quién fue el rey qué tal cosa?, ¿tú sabes?” No tengo ni idea ni quiero saber. “¡Pero es que tú eres un ignorante!”. Si estuviera ella aquí, tendría que hablar de esto, que es la que lo dice, pero es verdad que lo dice, no estoy haciéndole ninguna crítica, es como ella piensa. Pero es que yo creo que eso es echar mano de la memoria, de la caja negra, para saber cosas de esas que no añaden ningún valor. Si lo añadieran, en todo caso lo pincho [en Internet]. Ahora, si lo pasas bien siguiendo un programa muy entretenido de televisión, pues muy bien. Pero yo mi vida no la he montado para poder seguir un programa de televisión, poder contestar y ser más listo que el que sale ahí. Otra cosa es que no sea bueno [para tenerlo ahí] [en la cabeza], cuidado, no es decir no, pero no eso, porque lo que no hemos desarrollado es el lado derecho, el hemisferio derecho, que es el hemisferio del sueño, del crear, del sentir, de la pasión, del arriesgar. Tenemos miedo, porque nos cuesta arriesgar. [Varias palabras mal sonido] Si no hago, ¿cómo sé que puedo repetir? Si no… ¿cómo sé que me he equivocado? ¡Hay que cometer errores!

Esto en el mundo de la empresa pasa lo mismo, la gente, “¡cuidado!”, miedo a equivocarse, ¡pero déjale que se equivoque, déjale que haga las cosas mal. Si lo hace mal, aprende. Si lo hace mal, porque tú se lo dices, eres tú el que le has dicho cómo lo hace, y así no aprende nunca, porque tú le has dicho cómo lo tiene que hacer. Déjale, tiene que ser libre. Nosotros echamos mano de la libertad, del equipo, de la autogestión, entonces, la gente aprende y viene el conocimiento y viene el aprendizaje. No, ahí no hay aprendizaje, en la escuela tradicional, hay memoria, hay unos en fila, uno detrás de otro, desde los 6-7 años hasta los 23, toda una vida viendo nucas. Voy [dar una charla] a la universidad y pregunto, a ver, el de atrás, ¿Ane qué lleva?, ¿tiene gafas?, ¿está sonriendo? No le ves, ¿no? Solo le ves la nuca. Y así lleva toda una vida viéndole la nuca, y sales y entras viéndole la nuca. Yo recuerdo de pequeño que no era así, antes salíamos y jugábamos. Ahora salen y salen con el cacharro en la mano [y hace el gesto de caminar mirando al teléfono móvil], con lo cual, ¡ya no ven ni la nuca! ¿Dónde está la relación? ¿Y dónde está el que te empujo? ¿Y dónde está el que te miro? El líder tiene que escuchar, “¿cómo?”, el líder tiene que escuchar y mirar a los ojos. Para eso tenemos que estar enfrente, vernos las caras, tenemos que alegrarnos y entristecernos… es la educación.

Yo voy a la ikastola y cuando veo a mis nietas sufro, tengo el problema de que no sé si me alegro o sufro, porque les están pasando los años, tienen ya 10 años, 8 años, 6 años ¡y están ya en el límite!, que es hasta los 10 años cuando los niños tienen que desarrollarse: el diamante está ahí. Pero la mayor ya se va, la otra ya tiene 7 el mes que viene, ¡adiós nietos! Igual con los hijos, yo peleaba por mis hijas. Tres en Bizkaia, éramos los únicos —y ahora para mis nietas—, no queríamos notas. Hace 38 años yo era un loco que no quería notas de mis hijas, que no quiero que me digas las notas, que no me las mandes. Quiero saber si es feliz, si es alegre, si convive, si comparte, qué pasa las cinco horas que está contigo, pero no me digas que un 7 porque el día tal a las 11 de la mañana le pusiste un examen y ese día hizo eso y ya te mando las notas. Los padres, ¿qué ocurre?, prefieren las notas porque si las notas son buenas, es que va bien.

Pero veréis cómo son las cosas: Ane, ¿cuántas reuniones tenéis con los padres y oficialmente cuántas tiene que ser? [Ane le responde, inaudible en el vídeo] La estadística dice que son uno o dos por curso y que en una alta proporción son encuentros poco agradables. Total, para ir a discutir, casi vete tú, le dice el marido a la mujer, porque habrá que decirle esto, ¿no? Claro, tú dejas a tu hijo cinco horas al día, fuera, los mejores años de su vida, ocho, diez años, yo estoy convencido de que es así, porque lo he leído, porque lo he padecido y porque lo siento que es así. Y luego nos empezamos a preocupar de que tenemos hijos con 14 y 15. No, con 14 y 15 son unos gansos en casa, o unas gansas, del carajo que te empiezan a preocupar, pero que es así. Ya has perdido el carro, ya has perdido el carro. Y esos otros los dejamos, pero por lo menos que nos manden las notas. Claro, y si son buenas, son buenas —pero resulta que buenos hay pocos— y si son todas buenas, resulta que no es normal, porque somos todos diferentes, tenemos diferentes inteligencias. Es que no puede ser normal que saque las notas buenas en todo: eso quiere decir que [las notas] es un “pasemisí” que no sirve para nada.

Tiene que ser bueno lo que es bueno y, yo suelo decir: tú tienes dos hijos, uno estudia mucho y el otro nada. Y me dicen, “es verdad, uno saca muy buenas notas y el otro no”. ¿Quién se esfuerza más? “El que saca buenas notas”. ¿A quién hay que felicitar? [Y Koldo hace el gesto del que no quiere contestar y mira a otro lado para evadir la pregunta]. ¿A quién hay que felicitar? “A los dos” [dice alguien del público]. El 95% contesta eso. Y hablando entre tú y yo, al que hace más esfuerzo, porque al otro la naturaleza le ha dado ese don. Como tiene un 2,05 juega al baloncesto, tiene las habilidades o el físico para jugar al baloncesto. Hay que premiarle al que con 1,55 es capaz de jugar en la NBA, que son uno o dos en todo el mundo, los que juegan en la NBA con 1,55-1,57, ese es el que es un “monstruo”. El otro no, el otro por su altura y agilidad tiene características para eso que va a hacer, ya ha nacido para eso. [Varias palabras mal sonido] Nacemos con unas habilidades.

Bueno, todo esto para decir ese concepto de que cada persona es única y que, en la educación, 25 personas con una andereño, es una locura, como vamos a ver a continuación en un dibujo. [Pasa la diapositiva y proyecta la siguiente viñeta, minuto 54:33:]




Esto es como la luz del día, ¿eh? Viene al pelo. Lo encontré hace un mes, me lo pasaron hace dos meses. Un pingüino, un elefante, un pez, etc., hay que subir al árbol: 25 niños en un aula, “hay que subir, hay que ir, hay que hacer, luego esto y lo otro”... ¡Pero es que somos todos diferentes! “No, no, hay que hacer el examen, todos el mismo”. Subir al árbol nos toca a todos por igual, y eres un pingüino y no subes: tienes un 3. Llega a casa y le dicen: “hijo mío, ¿cómo tienes un 3?, ¿pero qué estás haciendo?, ¿ya haces caso?”. “Es que soy un pingüino y me han dicho que suba a un árbol”. “¿Y lo has intentado?”. “Sí”. “Entonces eres un 10, hijo mío”. Entonces eres un 10, pero no un 3. Esto nos pasa todos los días con los niños que tenemos que educar. Tristemente esto es así, con lo cual, lo que dice ahí: “Ser un genio, cada uno lo es a su manera”, pero si no, será alguien frustrado para toda su vida.

Yo suelo contar esto de otra manera. Y es que recuerdo de cuando pequeño que, cuando caía un pájaro en el gallinero o entre las zarzas, no lo vas a matar, pero te gusta tenerle, verle, que se quede contigo, entonces, ¿qué haces?, le cortas la punta de las alas, y es como si quitas un trozo al ala de un avión, no vuela, no sabe. Se mete en el establo, está alrededor tuyo, pero no vuela. Eso lo haces tres o cuatro veces [cortar la punta de las alas], y cuando lleva así 20-25-30 días, el pájaro no vuela nunca más; es como una gallina. Claro, se les están cortando las alas a los niños hasta los 8-10 años, y a los 14 años [y les hablamos de volar y vuelan así [Koldo hace un gesto de volar a ras de suelo]]. No, es que eso no es volar, tú tendrías que volar como un águila imperial, tú has nació para ser un águila imperial, pero lo que haces es dar saltitos. “¡Cómo que saltitos! Yo creo que voy bien, yo soy un tío…” Sí, pero lo que has hecho es dar saltitos. Y como estamos todos programados, nos cuesta diferenciar, ¡pero es que somos únicos, somos genios! Y este ejemplo es muy bueno [señala a la diapositiva]: no se puede tener 24 niños con un profesor. [Minuto 57:24 Cambio de diapositiva]




Mirad [dice, señalando a la diapositiva]. Esto es lo que yo llamo las tres íes, para aprender, para hacer algo en la vida. ¿La innovación? Pues no. Es la i de inquietos, la i de inconformistas y la i de iconoclastas. Como decía el otro, dame 50 de estos y moveré el mundo, [lo que puede] una humanidad entera si estuviera educada así.

Pero yo te pregunto, Ane, ¿qué harías en clase con tres inquietos, de los 24, tres inquietos? tú sabes lo que quiere decir inquietos. A esos les sumamos otros tres inconformistas. ¡Se ha montado la de dios! El otro día pregunté esto en una charla de Gure Esku Dago a una que había sido amiga mía y profesora de mi hija: Maribel, ¿qué haces en clase con cuatro inquietos? Estábamos allí ciento cincuenta personas, y me dice así: “¡pam! [hace un gesto en la sien], pegarme un tiro”. Cuatro inquietos le pregunté, de inconformistas entonces no te digo nada. “No, ya déjalo”, me dice. ¡Esto no puede ser! Efectivamente, si hay que dar un currículum, hay que dar las asignaturas, van con una “cacharra” así con libros [hace el gesto de acarrear un gran mochila]. Para un niño con 7 y 8 años, lo que tienen que hacer, lo que tienen que estudiar, lo que tienen que aprender está premeditado. Para un niño que es un diamante en bruto, que no sabes cómo es, ¡mira al diamante! No, no, para todos lo mismo, sin ver el diamante. No puede ser, primero mira el diamante. Pero, claro, al mismo tiempo, ¿tú conoces Amara Berri? eso es en Euskadi, y he estado en Cataluña en Montserrat, ¡las inteligencias múltiples! Tenemos inteligencias múltiples, pincháis en Internet “inteligencias múltiples” y lo podéis mirar. Claro, esto es una realidad, que los niños son todos diferentes, los humanos somos todos diferentes, con lo cual, hay que darles durante esos años un cuidado diferente, niños trabajando en grupo, aprendiendo con experiencias, ya que el aprendizaje es la suma de experiencias, no el aprender de memoria.

Voy a contaros una anécdota: hace un mes fui a buscar a mi hija y salió 5 minutos más tarde, [varias palabras mal sonido], “es que he estado con Udane que tiene un examen a las 11 y anoche le estuve explicando y esta mañana quería volver a explicarle otra vez el razonamiento de lo que tiene para el examen. Y ella me dice, ‘ama, no te canses, tengo examen a las 11, me lo aprendo de memoria, y he terminado’”. ¿Para qué me haces meter en la cabeza el porqué si yo soy capaz de aprendérmelo de memoria, no me cuesta nada, a las 11 lo suelto y he terminado, ¡qué fuerte, con 9 años! No necesita el razonamiento, necesita pasar ese trago, que ella sabe que es lo que tiene que pasar, y sabe que entonces ese día no tiene que estudiar por la noche y está tranquila. Si es así, ¿qué tienes que hacer? Desarrollar la memoria, salir adelante.

Personas inquietas, inconformistas e iconoclastas, que no creen, que preguntan, que quieren saber, que no están conformes… Claro, en una sociedad libre seríamos cada vez más de esos, con lo cual soñaríamos, pensaríamos, crearíamos, compartiríamos, porque estamos seguros, porque somos libres, no como ahora, que si dices algo, ¡cuidado!, si te equivocas, ¡cuidado!, si no sé qué, ¡cuidado!, con lo cual, tienes que ser ordenado y si no lo eres, te abroncan, y si eres muy inquieto, pastillas, y alrededor de estas cosas hay mucha gente que dice, escribe… porque no se puede tener niños inquietos e inconformistas en clase “porque no da para”, porque no da para poder tener 24 niños. Yo he visto en Amara Berri, entrando en clase, había 3 andereños con 24 niños: 7 niños aquí jugando, 4 o 5 aquí haciendo, los conocen a todos, hablan entre ellas. No como una para 24, que si te cae mal el niño, te cae mal, en lugar de estar con otro que pudiera decirte: “no, que Udane no es así”, y hablar con los padres, “¿vosotros qué opináis?”. Ahora en junio el mes que viene, empiezan a saber quién les toca el curso que viene, y los padres con descomposición a ver con qué andereño le toca. La vida de ese niño, con ese con quién le toque, cambia por completo, y eso no puede ser así, pero es así, y este tema es vital para cambiar un país: la educación, el aprendizaje por la experiencia y la educación, no la enseñanza premeditada basada en asignaturas y en notas, que eso es un error brutal desde hace siglos.












No hay comentarios:

Publicar un comentario