martes, 14 de junio de 2016

La oportunidad de la globalización. Soberanías. Desarrollo Humano Justo y Sostenible. Transparencia y confianza. Pedagogía. El papel central para la Sociedad – Ideas para el desarrollo de una sociedad necesitada. Koldo Saratxaga


Minutos 1:02:53 a 1:23:49 (final) de Ideas para el desarrollo de una sociedad necesitada. Charla de Koldo Saratxaga en la Universidad de Verano de Ziortza-Bolibar (VídeoAudio extraído de la charla en YouTube)



Transcripción

Estamos hablando mucho sobre globalización, es cierto, está ahí, pero es una oportunidad, tampoco hay que decir que es la única oportunidad, pero los que nos hemos pasado la vida dando vueltas y nos hemos pateado mucho el mundo vemos que hay muchas oportunidades que no aprovechamos.




Como se suele decir, y es cierto, salen 2.500 cerdos para Inglaterra todos los días y vienen 2.500 cerdos de Inglaterra todos los días. Salen no sé cuántos camiones de manzanas para Yugoslavia todos los días y vienen no sé cuántos camiones de manzanas todos los días. Este es el mundo en el que estamos, porque es un mundo de negocio, es un mundo de consumo, es un mundo de combustible.

Estas cosas pasan porque nosotros, como ciudadanos, no decimos “¿de dónde es esta manzana?”. “De Argentina”. “No la quiero”. No la quiero porque no voy a pagar, aparte del frío y la no maduración en sitio, todo el coste de traerla hasta aquí

No tenemos conciencia de eso, y los que estamos en el mundo de la ecología, de lo cercano, tenemos que convencer a una persona de eso, de que es bueno para la salud y nos cuesta... uno al mes. ¿Ya te has dado cuenta de dónde viene lo que comes? Esto lo dicen los médicos y más, es así… Pero nos hemos olvidado de eso, hemos perdido la conciencia.

Eso la sociedad tiene que recogerlo. Somos nosotros, los ciudadanos, los que tenemos que ser conscientes.

Lo local es lo más lógico. No porque no sea español, porque sea nacionalista o porque si no, no sé cuál, sino porque es lo lógico. Lo lógico es consumir lo cercano. Para la salud es lo mejor y también desde el punto de vista de la economía y desde el punto de vista ambiental. Lo que estoy diciendo es lógico. Tenemos que saber y promocionar eso como un bien común, porque es mejor para la sociedad en general.

Luego yo soy de los que creen que para llegar a la soberanía general, a la soberanía de país, hay que empezar por soberanías. Si mañana te dicen, “bueno, pues para ti”, a lo mejor no sabemos qué hacer con ello. Vamos a entender qué son las soberanías. Un tema que es fundamental es la soberanía financiera. Por mucho que digamos que tenemos el presupuesto más negociado, los bancos nos han llevado a la ruina, los bancos nos han llevado donde nos han llevado… ¿Dónde tenemos el dinero? No pregunto cuánto, dónde. Los 5 euros que tenemos, ¿dónde los tenemos? En los bancos. ¿Dónde os vamos a tener al año que viene? En los bancos. ¿Dónde están las cajas de ahorro de este país, en el último año, dos años? Desaparecidas, desaparecidas. No sabemos dónde están, no hablan, no aparecen, no sabemos, si tienen fondos sociales, si no los tienen, vas a pedir dinero y no te dan, lo veo todos los días en gente con problemas, solo te dan el poco que tienen las de aquí, las de fuera el 80% en Asia, América, y el 20% en España (en Euskadi 0). ¿Soberanía financiera? Estamos perdidos.




No tenemos salidas, no tenemos soluciones, no sabemos qué hacer y dependemos de los poderes económicos... Complicado, complicado, se nos ha ido de las manos absolutamente todo, luego por ahí vamos mal. Tenemos un presupuesto, negociado, con Madrid, pero ¿banca?, ¿dinero?, ¿ayudar a la sociedad? Lo que ellos quieran, poco, en este momento, nada.

Soberanía alimentaria: los que andamos montando huertos ecológicos, nosotros hemos montado dos, para que nos cedan unas tierras nos está costando mucho, pero nos las han cedido, gratis, para pagar siempre estamos a tiempo, pero tenemos miles de hectáreas en este país yo digo que abandonadas, porque soy políticamente incorrecto, o en desuso. Alguien me decía: “Koldo, no digas abandonadas, di en desuso, que queda un poco mejor”. Bueno, pues tenemos en este país miles de hectáreas en desuso. Miles de jóvenes en el paro. El otro día me decía un escultor que vive en la muga con Navarra, “Koldo, un chaval de 31 años, ingeniero, los padres tienen las tierras aquí, ya abandonadas, las han trabajado toda la vida, el hijo ingeniero en paro, viviendo de los padres, y las tierras abandonadas, Koldo, las tierras abandonadas”. Así está la vida, tenemos que ir cambiando esto, le decía. Paro, tierras abandonadas… esto es de hace un mes. ¿Dónde nos promocionamos?, ¿dónde está el gobierno?, ¿dónde está la sociedad?, ¿dónde hay un movimiento? Tenemos tierras abandonadas y traemos las cosas de 5.000 kilómetros de distancia. La media de lo que comemos es de 5.200 kilómetros de distancia, la media de lo que consumimos en este país, y ni nos preocupamos de dónde viene. Tenemos un problema ahí.

La soberanía de la salud, estamos muy bien, pero tenemos que tener absoluta autonomía.

Y desde ahí, cuando uno tiene esas visiones de pueblo, de ciudadanía, con ciudadanos que tienen esa visión, es mucho más fácil saber lo que queremos, y saber que somos suficientes y que estamos donde estamos y quiénes somos, no tenemos miedo ni temor a lo que nos digan, sino a lo que queremos. Es desde ahí, que uno siente si tal cosa la dominamos, si en esto somos autónomos, o tenemos las ideas claras, o estamos unidos… es desde ahí. No es a ver el titular del periódico, a ver lo que dice el banco, a ver lo que dice Europa, a ver lo que dice no sé quién, a ver si vamos por aquí o por allá. Es a ver si tengo un criterio [varias palabras ininteligibles].

Ahora, estamos en que ya no es crecimiento, sino que la sociedad se tiene que desarrollar. Es decir, no tenemos que crecer, tenemos que desarrollar. Mi hijo no tiene que crecer, un árbol no tiene que crecer, tiene que desarrollarse para que dé su forma, su fruto, la forma y el fruto que tiene que tener. No es crecimiento. La locura del crecimiento que nos han traído es para que unos cuantos se enriquezcan. La palabra es desarrollo, desarrollo humano justo y sostenible: aquí está la parte económica, la parte humana y social, y la parte de la sostenibilidad que es el territorio que tenemos que cuidar; en esto estamos más desarrollados que nunca, pero muy lejos.




Yo soy de los que creen que todo pasa por filtros [dice, señalando a la diapositiva que menciona la iniciativa de una Universidad Popular]: qué se da a los alumnos, qué hay que pagar… A mí a veces me viene la idea de una Universidad Popular donde la experiencia de uno pase a otros: “oye, quiero saber, quiero conocer, ¿quién me puede…?”. Un espacio abierto, espacios abiertos, donde unos podamos compartir, la palabra es compartir, las experiencias de otros, unir experiencias. Es porque yo noto a veces que falta algo en eso de que hay que pasar por los canales que están. Cuando uno se jubila, palabra que yo odio, porque yo no me retiraré nunca, el concepto de retirar no lo entiendo y el concepto de jubilar, tampoco. “Tú pondrás una ley que me tengo que jubilar a los 65 años para que me pagues el cien por cien; ese es tu problema conmigo si yo quiero o no quiero”, pero eso no quiere decir que yo tenga que pasar por ahí, no es el concepto de “gente que tiene que estar hasta los X años para que tenga dinero”, porque la ley dice no sé qué y luego no sé cuál.

Vuelvo otra vez al concepto de libertad; nosotros sabemos lo que somos, lo que queremos ser en la vida y luego, aquello que está conformado, que dice cosas que aunque digamos que no confiamos en ellas, te harán pasar por ellas, tú decides sobre ellas, no ellas sobre ti. Es decir, educarnos en lo que decía de libertad y que tú sepas analizar, pero que no te lleve. Pues esto [la Universidad Popular] es lo mismo, ¿cómo perdemos tantas energías, tantos saberes, porque no hay lugares de encuentro en los que pudiéramos compartir tantas cosas. Hay gente que tiene muchos conocimientos, muchas experiencias, pero que de repente se va. Un lugar donde yo estoy dispuesto a enseñar a otro mis cosas: o sea, cómo compartimos cosas, cómo crecemos como sociedad, qué te puedo dar de conocimientos, experiencias, hay algo popular a ese nivel que para mí falta.

No estoy de acuerdo con las diferencias de patrimonio que cada vez son más brutales. También creo que si el que más tiene supiera adónde va el dinero [público], posiblemente sería más generoso, ya que quizá intentas no pagar porque no sabes adónde va. Creo que es lógico que el que tenga más haga más, ¿qué no le viene bien?, ¡bastante suerte tiene con que tiene más! Muchas veces he oído, “es que yo tengo más facilidades que tal”, “es que este es más raro…”, pues bastante suerte tienes tú que eres alegre, que eres vigoroso, que eres amable, y encima no le quieres de compañero?, ¡pero si tú eres un agraciado de la vida! “Pues casi tienes razón”. Pues claro, vive feliz, coño, no estés encima quejándote, bastante es que a ti te sobra de mucho lo que les falta a otros, empieza por estar satisfecho de eso”. Esto es lo mismo [trasladado al erario público]. Si hubiera transparencia, podríamos ser más justos. Si nos dicen “oye, que hay que poner este año un poco más porque nos falta ese diez por ciento de niños con problemas”, pues venga, sería una sociedad que sabe y que aporta en función de lo que tiene, pero con mucha más transparencia, sabiendo para qué, en qué se emplea. No esas cosas que nos dicen que pongamos y ponemos; no, vamos a conocer todo lo que pasa y qué tenemos para parar todo eso, cada en función de lo suyo, pero basado en la transparencia.




Yo los políticos tengo la suerte de que no me quieren mucho, me conocen, me permiten que les diga cosas, y les digo cosas como esta [dice, señalando a la diapositiva]. Creo que los políticos, sea quien sea, están tan continuamente en los medios de comunicación tan “tuya-mía”, tan “tú más que yo” —estaremos de acuerdo—, tan “tú di algo que yo te contesto”, como el otro día en el programa de Dani en la radio a las 8 de la mañana. Pensé que si yo fuera director general de Euskal Telebista, no volvían, pero no por sus ideas, sino por discutir. Tendrían que reunirse y hasta que no se pusieran de acuerdo, no levantarse de la mesa. Falta en el mundo de la política alguien que impulse consenso, que favorezca otra forma de ver las cosas, como las antiguas reuniones de sabios bajo el árbol, algo así, “que se junten los sabios, a ver qué dicen”.

Bueno, la transparencia y la confianza ya lo he dicho. Y que la sociedad tiene que tener el papel central, sin llegar a lo de Suiza, que hacen un referéndum para ver si ponen de color blanco o amarillo una raya, pero sí tres o cuatro referéndums al años en cosas cruciales para un país. Y esto, en el fondo tiene que ver con la pedagogía. Para hacer un referéndum sobre un tema, me da igual la autovía, las incineradoras, la gran obra que va a hacer ahora en Bilbao, porque de paso que tenemos que votar, hacemos pedagogía con la ciudadanía. Nosotros, con todo lo que los políticos hablan de basuras, tendríamos que ser el pueblo que más sabe de basuras. ¿Qué hacemos con los residuos en la huerta? “Compost”. Mi padre los quemaba, pero ahora cuestionamos si tenemos que quemarlos; bueno, pues vamos a hablar eso, vamos a crecer en conocimiento sobre qué es el compost, por qué se puede reciclar, etc. Acabaríamos siendo un país ilustrado en eso: por qué autovía o no autovía, por qué un hospital…




¡Vamos a hacer pedagogía!, un pueblo instruido. Cuando a un pueblo tú le dices el porqué de las cosas y luego vota, lo hace suyo. “¿Vamos a hacer esto?”. “Sí”. Entonces lo apoyamos, lo usamos, lo respetamos, estamos orgullosos, porque hemos dicho que sí. Ahora decimos “voto a este”, que luego hace aquello, y nos gusta o no nos gusta, tienen el derecho de gastarse miles de millones solo porque les hemos votado. Por eso creo que de vez en cuando hay que hacer un referéndum para ver qué quiere la mayoría, pero aprovechar para hacer pedagogía, el porqué eso y el porqué alternativa a y b, porque eso nos enriquece. Si somos maduros, lo vamos a respetar y discutir, pero lo hacemos nuestro, con lo cual le sacamos más rendimiento, lo cuidamos más, somos más ilustrados, con más conocimiento. Y no que se toma la decisión y son 3.000 millones, y no, que eran 5.000, y luego criticamos o no criticamos para defender, o todo es mentira, y ahí nos quedamos.




Los políticos acaparan demasiado, se lo he dicho al Lehendakari, se lo he dicho a muchos y me dicen “Koldo, tienes razón, y a nosotros tampoco nos gusta”. Debe ser una vida bastante poco atractiva. “Ahora me toca ir allí y cuando este diga verde, yo rojo; cuando este diga a, yo b”. Así se hacen oficiales de la política y ya es como un juego, lo que toca, como hacer la comida u otra cosa. Creo que es un error y debiéramos ver cómo salir de ello. Si las elecciones fueran cada ocho años, en lugar de cuatro, se podría hacer más. En educación cada cuatro años no se puede hacer nada, harían falta 30 años para hacer un modelo educativo, y que los políticos se comprometieran a hacerlo, “estés tú, esté yo o el otro”; eso es un acuerdo de país, porque de esos temas hay que hacer un acuerdo de país.

Pero lo que os decía, hacer pedagogía, tremendo esfuerzo de pedagogía. Yo les digo [a los políticos] hay que hacer pedagogía. Quizá porque es a lo que yo me dedico, porque no sé nada en ningún lugar al que he ido: no de autobuses, ni de madera, ni de plástico, pero sé pedagogía, ya hay gente que sabe eso, pero para compartir eso, y que nos comuniquemos, nos sentemos, nos veamos, que discutamos. Hacer pedagogía es hacer que el proyecto, las personas, crezcan en conocimiento, no que unos pocos tengan el conocimiento; llevo 25 años haciéndolo con éxito. Por lo tanto, si yo [político] hago que el pueblo tenga conocimiento, sumando el de las personas, y seríamos más fuertes ante cualquier cosa. Y eso lo veo todos los días donde estoy, porque me dedico a eso, a hacer que los demás crezcan en conocimiento, de cosas que les parece imposible: les enseño de economía, a señores de 63, 64, 21, 22, que estaban haciendo otras cosas y nunca habían oído hablar, y al cabo del tiempo, saben de economía, no hace falta ir a la universidad, basta con hacer cosas muy sencillas. Hay que hacerlo con cariño, permanentemente, y con sentido común, con transparencia, y al final empiezan a entender las cosas y a sentirse importantes. Pasan de ser un títere a ser actor [del proyecto], a saber de qué va, a saber interpretar. Y no que me diga el jefe. Ser personas capaces porque tenemos motor propio.

¡¡¡Despierta, Sociedad!!!













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