miércoles, 5 de octubre de 2016

Koldo ha decidido su incorporación a Irizar, S.Coop. como piloto de la nave


El momento inicial de las dos décadas que comprenden estas páginas se encuentra a las puertas del otoño de 1991. Aquel mes de septiembre fue el momento, el tiempo, aunque el origen de cuanto aquí puede leerse no es una cita prevista con el calendario.

«En aquel momento coincidió que era Irizar, yo no elegí. A mí me ofrecieron Irizar y aquí vine. Pero si en vez de corresponderme Irizar hubiera estado en otro sitio, hubiera hecho lo mismo. No se trata de investigación, sino que es una permanente combinación de cerebro, corazón y entrañas.» [377]*


El cerebro, el corazón y las entrañas de Koldo Saratxaga desarrollan «una permanente combinación» y también única entre los millones de seres humanos:

«Este es un mundo complejo en donde cada persona estamos en un momento diferente de nuestra existencia. Tampoco se trata de comparar. Cada cual, entiendo, vive y actúa según su fuerza interna. No creo que seamos, nadie ni más ni menos que otros, simplemente diferentes.» [378]*


La «fuerza interna» es el motor para construir las vivencias y realidades que se miden con el calendario, la historia. ¿O sucede en sentido inverso?

«Me encuentro con las grandes oportunidades, no las busco.» [379]*


¿Estaba Koldo Saratxaga «en el lugar adecuado y en el momento oportuno»? Mirando hoy hacia aquellos días, pudiera parecer así, pero en ese entonces, como hoy, nadie conocía el futuro. En cuanto a aquel presente, todo indicaba que Irizar, S.Coop. no era un lugar adecuado y tampoco el momento tenía trazas de ser oportuno, ni siquiera para sus cooperativistas, cuyo futuro, a corto más que a medio plazo, se anunciaba con el nombre de «desempleo». Expresada en datos, la situación de Irizar era la siguiente, descrita por parte de quienes la vivieron en primera persona:

«Entre 286 personas hacíamos aproximadamente 1 autocar al día y entre 1990 y 1991 perdimos 1.000 millones de pesetas de las de entonces, de ellos, 700 millones en los primeros 9 meses de 1991, y continuaba la “caída libre”, no habiendo posibilidades de inyecciones financieras de ningún tipo.

»Irizar, empresa entonces con 102 años de historia, se encontraba en 1991 con un balance en quiebra después de los 1.000 millones de las antiguas pesetas de pérdidas en los 2 últimos años, sin la más mínima orientación estratégica y perdiendo totalmente una imagen que había sido ganada en esos largos años de historia. La falta de liderazgo situaba la empresa en ese periodo, con un adecuado producto, en una exigua cuota de mercado en España, 13%, y unas ventas de exportación a 3 países que suponían un 15% del total y en todos los casos con márgenes negativos. Irizar pasaba por ser una de las empresas más conflictivas de la zona del Alto Goierri, con grandes diferencias socio-políticas internas y con un gran individualismo en la gestión.» [380]*

A su vez, la vida y las perspectivas de futuro de Koldo Saratxaga eran puede decirse que las opuestas. En 1991, cuando su trayectoria empresarial cumplía 21 años, Koldo era el máximo responsable de la cooperativa Urola, a la que en dos años y medio había encaminado en la dirección de la prosperidad, tras liderar inicialmente su superación de un hondo bache económico.

«En 1988, Urola era la Cooperativa número 93 en el ranking de cooperativas de MCC, entre el diez por ciento de cola, con un –16,3% de Tasa de Rendimiento Empresarial. [...] Y en 1991 el número 3, con un 27,9% de T.R.E., siendo la media de las cooperativas industriales ese año del 6,9% T.R.E.» [381]*


El Anexo II sintetiza la trayectoria de Koldo Saratxaga hasta 1991: «Anexo II. Retrospectiva de los 21 años de trayectoria de Koldo Saratxaga a su llegada a Irizar, S.Coop., en 1991».

Así, pues, en el otoño de 1991, Koldo Saratxaga decide para su vida un giro de 180 grados, y lo hace en 24 horas. Con esta decisión, hará confluir su trayectoria con la de Irizar. Aquellos momentos han quedado así narrados en las páginas de ¿Sinfonía o jazz? por su protagonista:

«Llevaba en Urola dos años y medio, estaba muy a gusto, la cooperativa se encontraba entre las mejores del grupo, me habían ofrecido que eligiera la casa que quisiera para irnos a vivir a Legazpi y que decidiera lo que quería ganar, cosa absolutamente atípica en las cooperativas y, un día de esos, me llaman a una reunión en Mondragón.

»Me ofrecieron una cooperativa en profunda crisis, mucho más de lo que dijeron y todos creían, de la que nada conocía, unos kilómetros más lejos de mi casa (en total, setenta y cinco) y con el mismo sueldo que tenía. En veinticuatro horas acepté. He estado en Irizar ganando lo mismo que cuando llegué, actualizado, durante más de cinco años; ganando menos que varios de mis compañeros; y parecido a lo que hoy gana cualquier persona en Irizar en términos globales. Luego se dieron cuenta e igualmente me dijeron que pusiera yo las condiciones sin límite alguno. Siempre he encontrado la satisfacción y la recompensa sin buscarlas. [...]

»Hice una apuesta personal fuerte. Creo que ya venía haciéndola. Pero sí que fue una apuesta fuerte, porque salgo de casa, todos los días, de Galdakao, que está a hora y pico de camino de Ormaiztegi y, francamente, después de haber hecho lo que había hecho y con cuarenta y cuatro años, cuando parecía que podría elegir un trabajo más próximo a mi domicilio me ofrecieron participar en Irizar, que no la conocía y por la que no pregunté mucho, aunque sí conocía que se trataba de una cooperativa conflictiva y con graves problemas económicos. Aun a sabiendas de que esa era la situación acepté integrarme en ella.

»No me ofrecieron nada más. Ni más sueldo por ir más lejos ni por ser una empresa de mayor tamaño, nada más en absoluto. Simplemente comprobé que se trataba de un conflicto nuevo, de una nueva situación y acepté el reto. Me atrajo como me atraen, siempre, los nuevos retos y este lo era.

»Desde ese punto de vista asumía un importante riesgo personal, porque anteriormente ya habían pasado varios gestores por Irizar y no consiguieron ponerlo en marcha.

»Para mí también, como creo que he comentado en algún otro momento, supuso un modo de hacer algo por la sociedad. [...]

No hay empresas más adecuadas que otras. Lo puedo hacer, o se puede intentar, en cualquiera. En aquel momento coincidió que era Irizar, yo no elegí. A mí me ofrecieron Irizar y aquí vine. Pero si en vez de corresponderme Irizar hubiera estado en otro sitio, hubiera hecho lo mismo. No se trata de investigación sino que es una permanente combinación de cerebro, corazón y entrañas.» [382]*


De esta forma, Koldo ha decidido su incorporación a Irizar, S.Coop. como piloto de la nave. Su «cerebro, corazón y entrañas» le llevan a tomar la decisión de aceptar el reto y asumir el riesgo. Le precedían 21 años en los que había desarrollado y demostrado su liderazgo y su saber hacer en la dirección empresarial, con características y resultados que le distinguían de lo común. Así han debido reconocerlo los directivos de Mondragón cuando han pensado en presentar a Koldo esta oferta, pobre oferta, hablando en términos materiales. MCC, el mayor grupo cooperativo en el mundo, cuenta con un amplio elenco de directivos de prestigio. Algunos de ellos habían intentado llevar el timón de Irizar, pero el naufragio seguía su curso.

Lo que sucede a partir de entonces, e inspira estas páginas, habla por sí solo. Son los sentimientos, pensamientos y realidades de Koldo Saratxaga.


Sentimientos, pensamientos y realidades de Koldo Saratxaga, Anexo I. Dos décadas que comienzan en 1991.


* Notas – Oharrak











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