miércoles, 5 de octubre de 2016

Presentación 1/10

La atracción por los nuevos retos y el placer de realizar su capacidad personal para el riesgo forman parte de los sentimientos de Koldo Saratxaga a lo largo de toda su trayectoria. Los encontramos en su decisión de aceptar la máxima responsabilidad en Irizar, momento de partida de las dos décadas que abarcan estas páginas (véase Anexo I).

Un reto significa, en primer término, una posibilidad tanto de éxito como de fracaso. ¿Con qué quedarse? ¿Con el temor al fracaso?... ¿O con el deseo del éxito?

El optimismo, la actitud decidida y, más aún, el atrevimiento facilitan la consideración positiva de los retos.

En esta dirección, se puede dar paso a lo nuevo continuamente, provocar cambios y, en definitiva, convertir el día a día en un reto permanente que, junto con los resultados positivos, evite el anquilosamiento, la parálisis, el apocamiento, el acomodarse o el perder el paso del progreso.

¿Por qué el aprecio de los retos cuando se conoce que comportan riesgos y posibles fracasos? La respuesta, más allá de gusto, temperamento o cualidades naturales que lo faciliten, se encuentra en unas ideas y una forma de pensar.

Si el futuro es la clave para la vida de una organización, el conocimiento más importante que se puede lograr es el de este tiempo venidero; «descubrirlo» importa más que el dominio de ciencias, técnicas, tecnologías, etc., cuyo papel es el de herramientas al servicio de lo que ya existe, del presente. Así, el riesgo pasa a ser un camino de conocimiento y un camino del que disfrutar en busca del éxito.

Este pensamiento en lo personal es aplicable a una organización.

Decir «organización» es hablar de «personas», de todas las que integran la misma. Son las personas quienes pueden tener y realizar la visión de futuro. Si esta visión es compartida, entonces es la visión de la organización. ¿Cómo es la visión de futuro? «Pensar» reemplaza a «planificar»; en correspondencia, los «pensamientos estratégicos» sustituyen a la «planificación estratégica», y así es como toda la organización, todas sus personas, participan de la visión de futuro: sintiéndola como propia individualmente y además común con los demás miembros.

Si esto es el cómo, cabe preguntar por qué, y la respuesta es la libertad: por la necesidad y el derecho de libertad de las personas que, ellas mismas, son la propia organización.

Ahora, la actuación principal a la que conducen los sentimientos ante los retos y el riesgo, y el pensamiento consecuente de visión de futuro, es «la toma de decisiones». Decidir, elegir, comporta en todos los casos un riesgo, por lo que es adecuado asumir como equivalentes uno y otro.

En organizaciones y entre personas con visión de futuro, la motivación que conduce al riesgo de decidir es el deseo de éxito, es decir, de futuro.

Nace así la necesidad de la mejor manera posible de asumir riesgos.

Una visión de futuro compartida por la organización y con posibilidades de ser llevada al futuro se concreta en la participación de las personas en la toma de decisiones. A su vez, esto se consigue a través del trabajo en equipo, pero no equipos cualesquiera, sino equipos multidisciplinares y autogestionados. Es decir, equipos con verdadera capacidad de influencia en la organización, no núcleos de trabajo organizados desde unas decisiones ya tomadas.

Los equipos multidisciplinares autogestionados hacen posible la implicación real de las personas en el presente y el futuro de su proyecto.

El dar oportunidades en una organización formada por equipos autogestionados requiere asumir el riesgo de la confianza en las personas, también sobre la base de sus posibilidades y capacidades. Esto se plantea especialmente en la etapa de juventud.

Salir de lo urgente para pensar en lo importante, en el largo plazo, es uno de los logros principales del trabajo en equipo. Significa convertir la visión de futuro en un motor para la adecuada toma de decisiones.

Cuando el riesgo de la toma de decisiones se asume sobre la base de realidades, y no ya de posibilidades, el concepto de «realidad» que cabe aplicar no se limita a aquello que se puede cuantificar. También son realidades las que generan los sentimientos y las emociones, los intangibles que no pueden definirse en cifras.

En definitiva, la toma de decisiones no es otra cosa que, dicho con otro nombre, «creer para crear». El hecho de que las personas de una organización decidan juntas lo importante y lo urgente aporta una clave principal respecto al alcance del cambio generado por el pensamiento organizativo de Koldo Saratxaga.

De esta forma, el riesgo sigue siendo la toma de decisiones y no el que sea compartida, pues, al contrario, compartir el creer, la visión de futuro, los retos y sus riesgos, es fuente de armonía y prosperidad para la organización. Entre otros motivos, porque no es compatible con las luchas por el poder, conocidas por minar la energía de un proyecto, entre otros efectos negativos.

En definitiva, la organización se sitúa en el futuro anticipando las necesidades que existirán y habrá de satisfacer. Pero esto no es cuestión adivinatoria ni de conocimiento teórico o de herramientas, afirma Koldo.


Sentimientos, pensamientos y realidades de Koldo Saratxaga, cap. 1.












No hay comentarios:

Publicar un comentario