domingo, 29 de enero de 2017

Crear organizaciones sanas que generen comportamientos positivos



¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar.
Un modelo basado en las personas
(Fragmentos)


Cuando deseamos iniciar un cambio hacia un modelo como el nuestro [de Irizar], la persona que vaya a liderar el proyecto tiene que conocer su propia condición, su situación y modo de ver las cosas, pero también, cómo le ven los demás a él, cuál es la credibilidad que ofrece su persona a quienes le rodean. Si existe, si se da, puede comenzar a tomar sus propias decisiones, tiene que creer en lo que exponga, no copiar de otros, hay que llevarlo en el interior, en las propias tripas para poder comunicarlo y que los demás lo sientan de esa manera, así lo perciban, todo lo que siente y en lo que cree y se siente bien al ponerlo en práctica.

Cuando alguien inicia ese camino lo que no tiene que hacer es copiar un modelo al que sólo está vinculado intelectualmente, o en el que los demás no creen, porque su discurso no se soportará durante mucho tiempo y fracasará. No se puede viajar solo en este modelo.

Estamos hablando de un modelo basado en la confianza hacia los demás. Las herramientas y estrategias más adecuadas, son aquellas que aportan y suman valor a tus verdaderas convicciones. Y para ello, lo primero que tiene que saber y sentir es que se tiene que apoyar en las personas, que, sin duda alguna, son lo más valioso con lo que cuenta. Por eso, cuando me preguntan: “¿cuál es la receta, dónde está lo esencial, lo importante, dónde hay que focalizar el esfuerzo?” , la respuesta es sencilla: “creer en las personas”.

Si, por el contrario, consideras que las personas tienen que ser controladas, que si no lo haces así, cada uno termina por ir por su lado y te la juegan, que son una cuadrilla de irresponsables, no puedes incorporarte a un proyecto como el nuestro [Irizar]. Tendrás que extraer algunas cosas del mismo que puedas aprovechar en el tuyo, más o menos tradicional, pero no su conjunto. No es posible desmontar un sistema jerárquico, de control y mando, si no crees en las personas, porque lo que tú necesitas y valoras, verdaderamente, es eso, controlar, estar informado de todo, que todo esté dentro de un orden cerrado, atado y bien atado.

Nuestro modelo parte de un caos que genera orden. Es como la vida misma, una perfecta mezcla de caos y orden, creo es una consecuencia de la propia diversidad humana. En los tiempos que corren, el error consiste en no soñar en todo lo que podemos descubrir, en cuánto podemos crear. Hay que intentarlo. En una organización como la nuestra no hay, ni creo debe haber, un objetivo concreto definido. Hay una ilusión compartida por un futuro conjunto, convencidos de que juntos somos capaces de adaptarnos a las nuevas necesidades. No debiera ser el corto plazo el ejecutor de nuestras decisiones. Una organización de caos y orden necesita un presupuesto o condición básica para comenzar a caminar, luego vienen la estructura y la práctica. […]

No creo se trate de cambiar conductas ni esquemas mentales de nadie y de repente. […] No se trata de hacer personas diferentes a como eran, sino de crear organizaciones sanas que generen comportamientos positivos. Las organizaciones enfermas imponen un tipo de comportamiento negativo, enfermizo.

La cuestión es creer en lo que uno hace y que es libre haciéndolo, así nunca se perderá la ilusión por el proyecto. No permitir que se pierda la visión de un futuro compartido, su sentido, su significado y sus valores y la fuerza que esto genera para propiciar un comportamiento ético, armonioso y constructivo. Y, por supuesto, jamás perder la confianza en los demás. Por eso, como me indicas, la paciencia es una gran virtud. El tener visión de futuro quita presión al día a día y ayuda a centrarse en lo importante, no en lo urgente, una diferencia esencial, pero ya obvia.

En un principio se producirá un salto importante, a continuación surgirán dudas, nacerán lagunas. Porque los que más creen en el proyecto, los que más tiran de él en un primer momento, se ilusionan, pero cuando comprueban que algo no funciona como debiera o lo habían previsto, se convierten en críticos y aparecen la dudas. Por otro lado, hay muchos que “dan el callo” e intentan que todo el mundo haga lo propio, y en ese momento es cuando se escuchan voces exigiendo que todos o ninguno. Y eso es imposible. ¿Pero por qué todos o ninguno? No todas las personas adoptamos las mismas actitudes ante idénticos planteamientos ni nuestras aptitudes son las mismas. Podemos exigir una cierta actitud general de apoyo o favorable al desarrollo del proyecto, pero creo que es básico respetar lo que cada persona puede aportar. Todos somos diferentes e intentar comprender esto es vital para comunicar la importancia de un proyecto compartido.

No pierdas de vista, amigo Luxio, que soy un convencido de que no hay dos personas iguales.












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