domingo, 12 de febrero de 2017

«¿En qué pilares se basa la misión de Irizar?»



¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar.
Un modelo basado en las personas
(Fragmento del capítulo 3)


«En tres pilares, fundamentalmente, que son la comunicación, la libertad y la responsabilidad. Somos conscientes de que la comunicación, la mejora permanente de la misma, constituye un gran reto. No hay más que ver las dificultades de comunicación y diálogo que percibimos en la sociedad, entre padres e hijos, en las parejas, en la política… Hay algo dentro de cada uno de nosotros que nos impide, a veces, ver a los demás; los intereses personales se cruzan en lugar de unificarse y dirigirse en la misma dirección.

»[En Irizar] Seguimos creyendo que la comunicación es el único medio para visualizar lo que nos une. No queremos vivir en el mundo de lo que nos separa. El esfuerzo en comunicación es siempre necesario, pero supone un gran esfuerzo. La inversión en comunicación es siempre una buena inversión.

»Tenemos mucho por mejorar, pero nuestro modelo, basado en equipos, propicia la comunicación. Entre nosotros somos muy críticos, y yo el primero, por lo que nos falta por mejorar, con todo aquello que nos limita para lograr una mayor y mejor comunicación. Sin embargo, creo que es una de las claves de nuestro éxito. Comunicar viene del latín comunicare y quiere decir “compartir”. Ese es nuestro objetivo.

»La libertad la practicamos a nuestra manera. En Irizar no hay directores, jefes, encargados, no hay horarios, no hay control de las personas, dejamos que éstas sean libres, que tomen sus decisiones; dejamos que puedan equivocarse... Y esto no lo he conocido en ningún proyecto empresarial, al menos, con nuestra intensidad.

»Nos hemos adelantado y lo hemos probado. Suprimimos los relojes de control de entrada y de salida hace siete años; nadie sabe cuándo una persona entra o sale a la fábrica, únicamente lo conocen los componentes del equipo al que pertenece esa persona, pero, luego, nos exigimos responsabilidad. Pero no los “de arriba” ni los de “abajo”, no. Cada uno se debe exigir a sí mismo y, de igual forma, lo hace cada equipo, porque podemos y debemos exigirnos esa responsabilidad.

»Es fácil entender que no todas las personas tienen el mismo concepto de la responsabilidad. Por tanto, lo que tenemos que hacer es recordárselo a quien lo precise y exigirle que sea coherente con lo aceptado, porque siendo un proyecto común, tiene que ponerlo por encima de sus intereses particulares, pero solo a los efectos que estamos refiriéndonos. Debemos tener en cuenta y escuchar su criterio, conocer el porqué de esa actitud y en ese momento preciso... dialogando. Pero esto es difícil para algunas personas. Solemos tender a ser muy benevolentes con nosotros mismos y muy exigentes con los demás. Por otro lado, hay personas, normalmente muy eficaces en su trabajo, a quienes les gustaría poner en práctica una política de “mano dura” con las personas irresponsables, o mejor dicho, con quienes ellos entienden como tales. También se necesita del diálogo para superar estas posiciones.

»El “caos” que representa un modelo como el nuestro, en ocasiones pone nerviosas a algunas personas. Sin embargo, nuestra trayectoria pone de manifiesto sus virtudes y fortalezas.

»Como ya sabemos todos, lo perfecto es enemigo de lo práctico. En el modelo imperante, cuando algo no nos gusta, cargamos contra el jefe. En el nuestro, cuando a alguien algo no le gusta, le viene a la cabeza que en ese momento y para este caso concreto bueno sería alguna acción dura de mando. La cultura pasada y el entorno no nos ayudan excesivamente a ser tolerantes y a sopesar con razonamiento abierto que nada es perfecto y que debemos analizar si las ventajas son mayores que los inconvenientes.

»Tenemos que ir acostumbrándonos a no juzgar individualmente cada acción. A medida que pasan los años y lo vamos consiguiendo, vamos haciéndonos, todos, un poco más maduros y más tolerantes. Es parte del éxito.»











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