sábado, 25 de febrero de 2017

Hablamos de valores porque es una manera de entendernos. No los compartimos todos y por igual, pero sí hay un alto grado de consenso en el cómo tenemos que convivir y en cómo queremos lograr las cosas



¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar.
Un modelo basado en las personas
(Fragmento del capítulo 3)


«Hablamos de valores porque es una manera de entendernos. Con esa palabra sabemos, más o menos, de qué estamos hablando. Pero también podemos denominarlos “criterios básicos de convivencia”, es más propio del lenguaje que utilizamos y en el que nos entendemos. Es algo así como esas normas que la madre intenta mantener en casa con los miembros de la familia, porque con el tiempo te das cuenta de que se pasa toda la vida repitiendo lo mismo, creyendo que no lo ha conseguido, aunque la realidad es que siempre se logra inculcar un estilo propio, peculiar y especial a cada familia. Me apetece explicarlo de esta manera porque es como lo siento.

»No creo que se pueda intentar trabajar con unos valores que no se sienten, únicamente porque estén de moda o porque estén impresos en plan estrategico o, incluso, grabados en murales. Tiene que ver con la cultura que ese gestor, que esa organización, hayan ido creando desde su inicio. Si esto se quiere cambiar, hay que cambiar de madre, lo que no es nada fácil, por cierto, como es obvio.

»Está claro que quien lidera el proyecto debe hacerlo también con el estilo de relación que se quiere tener, tanto interna como externamente, pero tienen que sentirlo suyo.

»No digo que los [valores los] compartamos todos y por igual, pero sí que hay un alto grado de consenso en el cómo tenemos que convivir y en cómo queremos lograr las cosas. No es necesario ni, tal vez, conveniente, imprimirle un carácter religioso, ni hacer actos de fe.

»Cada año todos nuestros Pensamientos Estratégicos son revisados y aprobados en la asamblea de otoño. En su elaboración y revisión han intervenido muchas personas a lo largo de estos diez años, pero en ningún caso todas. Los cientos de nuevas incorporaciones de los últimos años se han encontrando con nuestro peculiar estilo, que en muchos casos ya lo conocían antes de entrar y que les atraía, máxime después de compararlo con otros estilos de relación o modelos que han estudiado o conocido.

»Tampoco creo que se trate de lograr ni la uniformidad ni el consenso por encima de todo, sino de asumir la diversidad de criterios y opiniones en un marco global. Y esto sí que creo que lo estamos consiguiendo, sin dejar heridas por el camino. Muy pocas son las personas que han abandonado Irizar y no es fácil que esto se dé en otras organizaciones cuando se está casi en pleno empleo en el área donde Irizar se sitúa.

»Pero, por otro lado, y siento ser un poco drástico, cada persona debe procurar estar donde se sienta cómoda con su propio estilo y forma de ser, pero tiene que ser lo suficientemente honrada como para emigrar, si la situación lo requiere, y buscar o crear su propio espacio allá donde encuentre el objetivo, el modelo y la cultura que responda a sus necesidades.

»Hay muy pocas empresas en las que el máximo dirigente, o los dirigentes, dediquen tiempo, de forma constante, a estar con la mayoría de las personas. Conozco a muy pocos, diría que a casi nadie, que trate los temas de forma asamblearia como método habitual de comunicación.

»Es cierto que se puede hacer de otra manera, no lo dudo, y además lo respeto, pero no lo comparto, aunque no deja de ser otra forma, otra manera de crear cultura. Una cultura que, posteriormente, no se puede cambiar por el mero hecho de que el “número uno” haya leído un nuevo libro o ha asistido a una conferencia, por poner un par de ejemplos.

»Dices que van un poco en la dirección opuesta, que a nivel personal cada vez somos más individualistas. Yo no estoy tan seguro, francamente no lo sé ni lo creo. Cada vez más se está imponiendo afirmar que en las empresas hay personas y que si no se les tiene en cuenta, las cosas no pueden marchar bien. Por el momento, tristemente en la mayoría de las ocasiones, es pura fachada. En otros supuestos, sin embargo, constituye una gran preocupación y en otros, una nueva realidad.

»Podemos decir que se trata de una especie de preocupación generalizada y habitual que tienen los empresarios, pero que no saben muy bien cómo abordarla. Es un serio problema que trata de solucionar el dilema entre lo que muchos sienten o desean y la pura y dura necesidad.

»Creo que puede ser una forma de combatir un modelo de comportamiento que trata de diseñarte cómo tienes que ser, vestir, comer… cómo vivir, en suma, y ser a la vez un destacado miembro de esta sociedad (que tratan de estandarizar [desde] un consumismo exacerbado) y defender una forma de relación civilizada y respetuosa, compartiendo un estilo de vida y unos objetivos comunes.»











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