sábado, 25 de marzo de 2017

¿Dónde se puede encontrar el éxito de Irizar?, ¿en alguna gran adquisición o en una gran innovación tecnológica? No, no está ahí. Simplemente, está en las personas que trabajan allí. Está en creer que estas personas saben hacer lo que están haciendo



¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar.
Un modelo basado en las personas
(Fragmento)


«Muchas veces lo he repetido: “lo sencillo es lo inteligente”. Siempre he comentado que si examinamos lo que hemos hecho en “Irizar” y quieres conocer las claves del proyecto desde una perspectiva convencional, será difícil o imposible, incluso.

»¿Dónde se puede encontrar el éxito de Irizar?, ¿está en alguna gran adquisición, en alguna gran innovación tecnológica? No, no está ahí. Simplemente, está en las personas que estaban trabajando en ella durante tantos años. Está en creer que estas personas saben hacer lo que están haciendo. Y por eso siempre he considerado que era cuestión de sumar energías. He creído y sigo creyendo, que sumando el saber hacer de muchas personas, con ilusión y pasión en lo que hacen, se sale adelante.

»Un proyecto se lleva a cabo con cosas sencillas, creciendo de una manera natural, dejando que el mercado crea en ti, no forzándolo, en ninguno de sus ámbitos. Haciendo que todas las personas participen cuando vas a crear algo, no pensando en que llegará la gran idea particular, ni esperando a la suerte. Al final lo que estamos haciendo es aplicar inteligentemente el sentido común con la sencillez que ello conlleva.

»Durante estos trece años que han transcurrido desde que entré en Irizar, no ha venido nadie de dentro a decirme, de una manera clara, inequívoca, “que por aquí ya no pasamos”. Es necesario hacer comprender a tantas personas que tenemos que convivir como somos y que si éste puede dar esto y lo da, es necesario dejarle en paz. Y si no lo da, por algo será.

»Porque en el fondo, tampoco podemos olvidar que existe la costumbre, muy arraigada por cierto, de juzgar a los demás por todo lo que no encaja con nuestros intereses, y ¿quiénes somos nosotros para hacerlo? ¿Cómo sabes tú lo que le sucede? ¿Qué sabes de sus sentimientos, de su pasado, de su realidad interior...? ¡Qué vamos a hacer!, ¿empezar a analizar cuál ha sido su niñez, su vida, por qué es tan especial, por qué es de izquierdas o de derechas, porque es tan raro y poco comunicativo, porque no le gusta hacer más que lo justo y punto...? ¿Con qué criterio, con qué vara medimos? En el fondo, ¿quieres ser como él, como esa persona que no se comunica con los demás? Si tú en el fondo no quieres ser como él, como ella, respeta y siéntete agradecido ya que tú eres capaz de ser más animoso, más impulsivo, más colaborador, más capaz de crear, pero el proyecto camina con los dos y por los dos.

»Por eso, preguntémonos, ¿qué hacemos con este que “no vale”? Para responder, imagínate antes que siempre puede venir otro que “valga” más que tú y que diga: ¡este no, que hace menos que yo! No podemos estar permanentemente “cortando cabezas”. Permanentemente poniendo la vara del pasa, no pasa. ¿ Quien la pone?

»Debemos convivir los que estamos. Y para ello no es necesario que contemos siempre con los mejores. Tenemos que contar con las personas de nuestra comarca y de nuestro pueblo, en este caso, del Goierri guipuzcoano.

»Pero podemos y debemos ser mejores porque entendemos el proyecto, porque estamos motivados y convencidos. Como creo en las personas también considero que nadie es absolutamente egoísta o individualista y que queda un gran margen y existe una gran aptitud para la libre creatividad y la ilusión compartida.

»Pueden contar que están haciendo o creando algo diferente, se sienten orgullosos, lo muestran y exhiben con ilusión, tal como lo hago yo mismo con mi familia o mis amigos. Es preciso que cada uno haga lo que le corresponde sin preocuparse por lo que hacen o no los demás, pues ¿te sentirías cómodo si empezásemos a echar a éste, a aquella, al otro? Ese no es el camino. No lo es bajo ningún concepto.

»Hace trece años, cuando empezamos, no quedaba otra solución que hacer de caballo tractor y continuamente les decía a todas las personas de Irizar que teníamos que hacer tal cosa, o tal otra, permanentemente insistiendo que en su trabajo eran los mejores. Siempre había alguien que me decía que me olvidara, que no me quemara en ese empeño, porque la gente nunca había estado dispuesta y cada uno iba a lo suyo. Los tópicos de siempre. El tiempo pone las cosas en su sitio.

»Seguí en mi empeño, porque soy terco cuando creo en algo y poco después se demostró que compartiendo esfuerzos, ilusiones, un proyecto común, los resultados llegan de una manera natural y por cierto bastante rápidos.

»Mi respuesta/pregunta siempre es la misma: “¿Cuánto tiempo dedicas a estar con las personas?”. Me contestan: “¡Es que lo de las personas es tan difícil y requiere de tanto tiempo, del que, además, no dispongo!”. ¡Mal asunto!, lo tuyo son las herramientas estándar de control, las máquinas, la contabilidad, las finanzas, el despacho, las ordenes de arriba abajo, el rodearte de “tu” equipo...

»Si no quieres pasar tiempo con las personas no pretendas convertirlo en un proyecto basado en las personas y por lo tanto no crees en ellas. Tienes que estar junto a ellas, tienes que percibir cómo se sienten, convivir lo que compartís. Ese es tu deber y su derecho, la condición de un proyecto de personas.

»Durante todos estos años he dedicado muchísimo tiempo a eso, a estar y compartir todo cuanto pienso y sé con las personas. Uno de los últimos ejemplos fue en septiembre de 2002, en el primer día de trabajo después de las vacaciones teníamos algunas inquietudes y realizamos una asamblea general extraordinaria. Eran las doce del mediodía y permanecían atentas seiscientas personas sentadas a lo que les decía, a las ideas que llevaba preparando y dándoles vueltas en la cabeza desde hacía meses: tenemos que hacer esto, tenemos que..., que está el mercado así, que deberemos…, que tenemos que seguir todos juntos..., recordando una vez más los pensamientos estratégicos, con ilusión otra vez, insistiendo en el hecho de que era necesario aguantar, seguir tirando del carro y continuar siempre unidos. ¿Cuántos gestores o dirigentes se sienten cómodos delante de una asamblea y pueden, si lo creen conveniente, organizarla en unas horas sin que parezca que el mundo se acaba?

»El mundo asambleario, el mundo de la comunicación, el tener que mirar a las personas a la cara, da miedo, genera inseguridad, produce un gran respeto..., y no todos son capaces de hacerlo. ¡Así nos va!»











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