miércoles, 8 de marzo de 2017

«El famoso cuatro de noviembre del año mil novecientos noventa y uno»



¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar.
Un modelo basado en las personas
(Fragmento)


«No suelo prometer nada donde no estén involucrados los interlocutores. Lo hice una vez y..., te lo explico. A las cuatro semanas de llegar a Irizar, el famoso cuatro de noviembre del año mil novecientos noventa y uno, hicimos una asamblea...

»Sí, fue una asamblea mítica. Duró desde las cuatro de la tarde hasta las once y media de la noche. Como he comentado, llevaba pocas semanas en Irizar y estaba procurando aterrizar. Sólo conocía dónde estaban las escaleras y poco más. Pero la Junta Rectora me apremiaba y me decían: “Koldo, cuanto antes hay que hacer algo”, a pesar de que llevaban meses, años, casi décadas en una situación de gran inestabilidad; pero eso, al parecer, no constituía un obstáculo para que ahora, en ese momento, más bien, hubiera que hacer algo y además, de forma urgente.

»Efectivamente era aquella una situación desesperante desde el punto de vista económico, absolutamente límite y, por ello, también desde una perspectiva humana. Aquella empresa (término que no me gusta utilizar, pero que en este momento tal vez resulte oportuno hacerlo) era una verdadera jaula de grillos, integrada por personas enfrentadas entre sí, con un clima de relaciones totalmente deteriorado, tal vez porque, como después me lo hicieron saber, nunca se les había hablado claro y, sobre todo, a la cara.

»Nadie quería asumir una responsabilidad que implicara o le pudiera suponer enfrentamientos o conflictos. Se seguía trabajando y se seguía perdiendo. Por ejemplo, si había que enviar a alguien a trabajar a otra cooperativa del Grupo, por falta de actividad, el elegido era el último que se había incorporado, no el menos adecuado para ese momento crítico, y solamente por evitarse supuestos conflictos. En resumen, la consabida situación de que “nadie se mete con nadie... mientras dure”, no asumiendo la responsabilidad debida.

»Como, por otro lado, las personas cobraban todos los meses, el resultado de la falta de transparencia condujo a la única conclusión posible; no eran, en general, conocedores y conscientes de la situación real.

»En este contexto se convocó y celebró la asamblea. Recuerdo un hecho que no olvidaré nunca. Nada más comenzar la asamblea, incluso antes de concluir mi presentación, por el pasillo central y desde la parte trasera del local, se fue acercando una persona que al llegar junto a mí me espetó, mirándome a los ojos: “¿Y a ti quién ostias te ha traído aquí?”. Recuerdo que, poco más o menos, le contesté lo siguiente: “mira, no sé si tiene mucha importancia quién me haya traído, yo soy Koldo Saratxaga, pero vosotros necesitáis o a Koldo, o a Iñaki, o Juan, o Pepe, porque sois una cuadrilla de desgraciados, que estáis abocados al paro...”.

»Ya a lo largo de la asamblea intenté hacerles comprender cuál era la situación real, pasando, a continuación, a presentarles ideas sobre el futuro, a fin de que se discutieran y se pudiera comenzar a caminar.

»Mi mayor sorpresa, habiendo pasado unas semanas desde que sabían que estaba aterrizando y la necesidad de la asamblea para salir de la situación, la causó el hecho de que únicamente deseaban hablar del pasado, deseaban encontrar culpables, eximiéndose, cada uno, de sus propias responsabilidades. Así transcurrieron tres horas y sólo podía decirles que nada tenía que ver con lo sucedido hasta entonces, pero que si querían podíamos...

»Ciertamente fue una asamblea muy peculiar.

»En un momento dado, decidí que no podíamos seguir dando vueltas a lo mismo y que así no avanzaríamos nunca. Por eso, hablé claro y alto, transmitiéndoles que si así lo decidían, me iría sin causar ningún problema, pero que estimaba que no podían salir solos de la situación en la que se encontraban. Y así continué:

»“Ante todo tenéis que ser conscientes de que lo primero es que os comprendáis mutuamente y mirar más allá de vuestros intereses personales. El ochenta por ciento de los presentes, por vuestra edad, estáis abocados a ir al paro y, además, para toda la vida, si este proyecto fracasa. Por eso mismo, si seguís mirando al pasado, podéis hacerlo, pero sin mí; si, por el contrario, comenzamos a mirar hacia delante, me quedo con vosotros y me implico, con toda mi alma, en un proyecto común y de futuro”.

»Y continué con lo que, como luego me dijeron, constituía un nuevo y provocativo discurso: “Dejad de una vez por todas de pensar que aquí hay unos que mandan y otros que obedecen. Sois los primeros que habéis dejado que esto se hunda, todos, habéis hecho el vago y os habéis aprovechado todo lo posible de esta situación durante años, ¿es cierto, no?”.

»La gran mayoría miraba al suelo. Pero continué: “pues se acabó, habéis hecho todo lo que os ha venido en gana, es decir, nada, habéis cobrado el cien por cien sin merecerlo, o lo que es lo mismo, lo que no era vuestro, os habéis dejado llevar por la corriente de la indiferencia y la dejadez con resultados tan excelentes como seguir cobrando sin haberlo generado... ¿de qué os quejáis?”.

»Nadie les había hablado tan clara y sinceramente, nadie les había levantado la voz apelando a su honradez personal. Decidieron mirar hacia adelante y empezamos a hablar de futuro y ya en este nuevo estado de ánimo me atreví a decirles, “mirad, si me escucháis y tiramos para adelante, os hago ricos en pocos años”.

»No sé de dónde ni cómo se me ocurrió decir tal cosa, pero sí que era necesario comunicarme con ellos, transmitirles mis ideas, el compromiso en un proyecto común y de futuro y que me creyeran a pesar de no conocernos, de que llevara unos pocos días en Irizar, y de que unas semanas antes no sabía a qué sector pertenecía, qué actividades desarrollaba o qué situación tenía.

»Necesitaba despertarles y sacarles de su pasado.

»Suelo pensar que aquellas tres primeras horas fueron interesantes porque les permitió decirme lo que pensaban de una forma pública, les permitió sacar de la mochila las piedras que no habían tragado en el pasado y supongo que más de uno lanzarme su mensaje.

»Lo cuento como una anécdota, que, por cierto, me la recuerda mucha gente y que ciertamente no es algo normal en mí. No me gusta hablar de lo que vamos a tener, más bien fue una manera de decirles, confiad, que juntos podemos salir adelante.

»Ten en cuenta que en este momento nos encontrábamos en plena crisis económica y pocos veían luz al final del túnel y que además pertenecíamos al mundo cooperativo, por lo que era, para mí, una vergüenza que algo propiedad de todos fuera una ruina.

»Volviendo a la asamblea creo que fue muy interesante este cambio de impresiones, se dialogó mucho, creo que allí se sacaron a relucir muchas cosas que les inquietaban desde hacía mucho tiempo, me parece que fue una buena terapia de grupo. A mí me ayudo a conocer a las personas, al grupo y a las relaciones existentes entre las mismas y, como ya te lo he dicho anteriormente, de las personas críticas es de las que más puedes aprender en todos los sentidos.

»Recuerdo que en esa asamblea utilicé un lenguaje asequible o dicho de otra manera, comprensible para todos. Repito que hablé de futuro, de cómo hacer las cosas, de liderar, de intercambiar ideas, tratamos algunos conceptos económicos, que debían ser entendidos por todos. Así empezamos. Comprendieron que había muchas cosas por hacer. Así fue como empezaron a entender los aspectos económicos y financieros que normalmente se reservan para unos pocos, cuando lo que es necesario es que todos se impliquen y aporten al proyecto.

»No se debe hablar de aspectos técnicos, sean estos financieros o estratégicos, en una jerga que no se entienda por todos y, por una vez, muchos pensaron “hombre, ya ha llegado alguien que habla claro, ha venido alguien que da la cara, tenemos entre nosotros a alguien que nos ha dicho que hemos tocado fondo y que a partir de ahora es necesario mirar al futuro. Hemos oído algo diferente y además se le entiende”. [...]

»Funcionó. Así que asumí la responsabilidad de liderar el proyecto, pues les advertí con absoluta convicción que nada me debían ni yo a ellos, y que si no compartían mis ideas, me iba por la misma puerta por la que había entrado.

»Tras lo cual empezamos a hablar de futuro... A las once y pico de la noche acabamos todos ilusionados y muy pensativos por lo que por primera vez en su vida habían escuchado, sí, escuchado porque la atención fue total a lo largo de toda la asamblea. [...]

»Si no todos [estaban en aquella asamblea], sí la gran mayoría, sin duda, pues era mucha la expectación suscitada y la situación era delicada. Como te he dicho, las dos o tres primeras horas todo fueron reproches para los ausentes, que ciertamente lo habían hecho mal, pero nadie de los presentes se preguntó por su cuota de responsabilidad.

»Ciertamente en los modelos no participativos, lo bueno y lo malo se lo atribuyen y lo capitalizan, en exclusiva, “los de arriba”.

»De bastantes años atrás Irizar venía siendo una empresa en decadencia y sin ideas, mirando más al pasado que al futuro, sin estrategia ni modelo alguno. Se sumó el cambio de modelo [de autocar], ya que el autocar modelo Everest fue sustituido por el modelo Century. La posterior intervención de un vicepresidente de M.C.C. (Mondragón Corporación Cooperativa) acentuó, si cabe, la situación de crisis o, cuando menos, no se corrigió esa tendencia creciente de deterioro.

»[Los mencionados “ausentes, que ciertamente lo habían hecho mal”] se fueron cuatro cinco años antes. Fundaron una nueva empresa, de autobuses, en Navarra, a base de subvenciones y ayudas públicas, pero es que, además, se llevaron consigo, a las personas que “consideraron” más aptas.

»Todo este pasado constituía una losa para los doscientos y pico allí presentes, por eso fui tan claro y les dije que si querían recordarlo exclusivamente, que podían hacerlo, pero sin mí, no era la persona adecuada para esa función.

»En lo personal, hablar del pasado, recordarlo, me gusta porque me resulta grato y me hace sentir las raíces. Pero no me gusta hacerlo para tratar cuestiones profesionales o proyectos económicos. El ayer es pasado y sólo es útil como una experiencia más, pero nunca para proyectarme en el futuro. No, definitivamente no me gusta el pasado, casi ni el presente. Me gusta pensar en el futuro, soñar en él y crear a partir de ello. En mi opinión, quien es capaz de visualizar, de intuir y de proyectarse con confianza y decisión hacia el futuro, va por el buen camino.»











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